Beatriz Paredes toma la palabra

«Vamos a ser una oposición firme, creativa y constructiva, siempre defendiendo los derechos de nuestros agremiados», fue lo que declaró Beatriz Paredes después de tener casi el 70% de los votos para dirigir el PRI. Es una mujer política que se ha dedicado una buena parte de su vida a esa profesión y, tal como escribió en «Acaso la palabra» sabe que «en política, las palabras son el arco y la flecha del Centauro, el cincel del escultor, la tea del revolucionario o el bálsamo del médico.»
El domingo pasado los priístas votaron para que fuera esta mujer aguerrida y política, que sabe lo que es ganar y perder, la Presidenta de su partido, pues saben no ha perdido el rumbo, ni la claridad de sus pensamientos y propósitos durante su vida política.

Saber perder es señal de madurez y de estar equilibrado. Aceptarlo sin perder la compostura, ni volverse loca o loco, es buena señal y no como hemos visto a varios que les sucede y que no aprendieron cómo es que debe comportarse uno cuando esto sucede. Ahí está Manuel Camacho Solís que perdió con el dedazo de Salinas en el 94, hace trece años, y todavía sigue dando bandazos con sus estrategias subversivas. Ni hablar del candidato incómodo del PRD que enloqueció al grado de subirse al estrado para ponerse él solito la banda y salir de gira con su circo de tres pistas para deambular por la República.

Hay dos cosas que me gustan del discurso de Beatriz Paredes: uno, que sabe que en esta vida se pierde y se gana y sabe ocupar el lugar que en cada caso corresponde; dos, ese amor que le tiene a la palabra (que es como el pensamiento). Sabe que «los políticos requieren comunicarse para explicar, para proponer, para interpelar, para entenderse y entender, para convencer, para fustigar, para elevar y conmover. Pero, en el caso de la política y de los políticos, como en el caso de los poetas y los literatos, las palabras tienen un atributo adicional: cobran vida propia, tienen y ejercen su propio encantamiento.»

Por todo esto creo que es buena noticia que haya triunfado para presidir su Partido y que tome el timón de ese barco que por poco naufraga pero que, a pesar de todo, se mantiene muy bien a flote. Hay esperanzas de que bajo su tutela se aclare el perfil y la plataforma para el futuro del PRI y tome la altura que le corresponde.

En los políticos, las palabras generan valores sociales y éticos —dice Beatriz— crean apotegmas. En los políticos las palabras reflejan sus compromisos y son una expresión de su línea de conducta: «el político que no es consecuente entre lo que dice y lo que practica, entre lo que propugna y lo que se esmera por realizar, no sólo es un político mediocre y cretino, es un pobre hombre, un destructor de palabras, un daño para la civilización.» (El Informador, martes 20 de febrero, 2007)