Los partidos como agencias de colocaciones

Atáscate que hay lodo, dice el filósofo de Güemes y viene a colación por la actitud que ha tomado abiertamente Espino & Co., desde la cumbre de su partido, para convertirla en una agencia de colocaciones promoviendo, ahora con mayor énfasis, desde las oficinas de la del Valle y en cada una de las sucursales estatales, los servicios de sus fieles panista para que ocupen puestos en los gobiernos federal, estatal o municipal que estén bajo su férula. Como buena agencia colocaciones sólo trata de jalar agua para su molino. Por eso, el escándalo en Monterrey no es novedad, sino un simple descuido entre sus protagonistas que les gusta intervenir los teléfonos que ya son el pan de todos los días, pues si se oímos el río pasar, es que agua debe llevar. Pero más que agua de río es la de las coladeras del desagüe la que ha brotado con estas prácticas de la real politk.

En Jalisco empezó a funcionar este mecanismo desde la gubernatura que ganó el PAN en 1994, pues nunca antes habían tenido la oportunidad de hacerlo. A partir de ese momento se trataba, ansiosamente, de vengarse y emplear a los que más saliva tenían dándoles menos pinole y por eso los panistas empezaron a hacer cola, como si fuese la factura a pagar, para algunos puestos municipales que les permitiría ingresar a las filas del empleo y al engranaje político en el poder.

Así, en una oleada, van consiguiendo empleo en relación directa a su proselitismo —o saliva, digamos— para que puedan pasar de lo municipal a lo estatal y de ahí, como ahora lo podemos comprobar, al federal. No faltaba más, siempre y cuando —implícitamente—, sean capaces de incrementar el voto. Pero lograr entrar en esas tandas, tiene su precio —no tanto económica, sino moral—, en donde ellos saben que si tú me lees, yo te leo y así, uno tras otro, van atando los cabos que estaban sueltos para formar estas redes con las que salen, cada tres o seis años, a pescar votos, confianza y empleo bien remunerado.

Así es la política. Así era es y así seguirá siendo con este y con el resto de los partidos. Así era con el PRI, como lo es con el PRD, por lo menos en el DF. Mientras los ilusos que esperábamos el cambio, no hemos visto nada, de nada sólo para confirmar, una vez más lo que anticipó Giuseppe Tomasi di Lampedusa desde Palermo, cuando escribió su Gatopardo, la novela basada en la vida de sus antepasados y el cambio de un gobierno aristocrático al democrático, en donde sabía —con un cierto pesimismo— que todo tenía que cambiar para que todo siguiera igual.

Sin embargo no todo es así. Hay excepciones y estas son buenas, por ejemplo, la selección del gabinete económico donde han puesto a varios secretarios de Estado escogidos estrictamente hablando por su capacidad y experiencia más que por su afiliación partidista y esto, aunque no resuelve "cabritogate" como le llaman, equilibra la balanza entre el debe y el haber de la política y la democracia como esta que nos ha tocado vivir. (El Informador, martes 6 de febrero, 2007)