El poder de la palabra

Tal parece que los diputados de la bancada del PRD en San Lázaro se niegan a defender sus argumentos con la razón y con las palabras para hacerlo sólo con actos que violentan el ejercicio de la democracia. Ignoran que la palabra es la fuente del raciocinio y que es con ella con la que se discuten las diferencias y no, como sucedió la semana pasada, tomando la tribuna para expresar su rechazo al proyecto de la nueva Ley del ISSSTE, derrotados y sin poder convencer al resto de los diputados con sus argumentos. En lugar de aceptar la derrota de sus ideas, tomaron la tribuna gritando: «¡no pasará!, ¡no pasará!», asegurando, sin demostrarlo, que se busca privatizar a la institución. Todo esto sucedía mientras otros diputados discutían y argumentaban la urgencia de la reforma.

Una vez más lo irracional intenta derrocar a la razón, al discurso y a la civilidad que hemos logrado a través de los años. Espejito, espejito y vimos reflejados a los vecinos diputados del Ecuador cómo resolvían sus diferencias a balazos. ¿Un regreso al futuro?

Parece que los diputados perredistas desconocen el encantamiento de las palabras que hacen más eficaz la terapéutica y el ordenamiento de las propuestas con una buena sintaxis que es lo esencial para convencer: el fondo es forma pues sintaxis viene del griego que significa el orden de los soldados en un ejército; Marco Valerio Probo (segunda mitad del siglo I) fue quien empezó a utilizarla para designar el orden de las palabras dentro de una frase, o de un discurso, pues sabía que, de ese orden, dependía el triunfo en los debates políticos y el esperado resultado. Pero esto lo desconocen los diputados de PRD que no creen en el poder de la palabra, mucho menos de una buena sintaxis, sino mejor toman la tribuna, como las regresiones que suceden en esta Legislatura, tal como lo vimos antes de la toma de posesión en diciembre pasado donde la violencia intentó derrocar a la razón.

Es el hombre racional —decía Swift—, quien ha podido sustituir a la fuerza bruta y la ley de la selva por la argumentación, por el uso de la palabra y es con esto con lo que el hombre ha creado sus leyes para justificar el poder, el trabajo e incluso, la destrucción de sus semejantes. Es el poder de la palabra la que le da cuerpo a las ideas, en cambio, la acción que no tolera a las ideas, convierte los deseos en actos brutales, pues una cosa es pensar o decir lo malo del enemigo; otra es asesinarlo.

Es con la razón y con el poder de las palabras que negamos nuestra condición de animales, creando leyes con un lenguaje articulado y con la palabra como expresión de la racionalidad discursiva que nos distingue del resto de los animales que no cuentan con la razón analítica que los haga estructurar proyectos en beneficio de una población plural y distinta. (El Informador, martes 20 de marzo, 2007)