Vecinos distantes

El señor George W. Bush representa a la mitad de los ciudadanos americanos que votaron por él, formada por los radicales que se identifican con el partido Republicano. La mayoría silenciosa, aunque usted no lo crea, es analfabeta cultural que no ven más allá de su bandera con todo y sus estrellas. La mayoría presume de vivir en libertad y no saben más allá de sus fronteras (que son los «malls»). Desprecian las costumbres y las culturas de sus vecinos del sur, pues les han inculcado una idea simple, un estereotipo monocromático, en donde creen que los mexicanos somos bárbaros, vagos, incultos, indocumentados, mugrosos, narcotraficantes, católicos fanáticos que van a las peregrinaciones de rodillas con una penca del nopal clavada en la espalda; y siguen creyendo que somos flojos, borrachos, malos jugadores y, con estas ideas preconcebidas, se han formado un modelo imposible de cambiar con el tiempo y menos si lo ven desde su vanidoso pedestal.

¡Ay de aquellos que intenten cambiar el modelo!, pues son considerados extremistas (como Michel Moore), pagados por los malos de la película o por quién sabe quién, que intentan destruir sus valores que, con tanto esfuerzo, han mantenido en alto por varias generaciones. Por eso cierran tanto sus filas como sus mentes y, sin otros elementos de juicio, no tienen un criterio propio, sino que corresponde a lo que les han inculcado sin capacidad autocrítica, mucho menos con eso que les permita reconocer sus errores para que algún día modifiquen su opinión.

Bush está atado de manos tratando de mantenerse en el poder desde y desde el 11/09 no sólo las torres gemelas, sino también América Latina fue otra de las víctimas del terrorismo, tal como lo asegura José Antonio García Belaúnde, Secretario de Relaciones Exteriores del Perú. Desde entonces, los Estados Unidos han centrado su atención (y varios billones de dólares) en Asia Central y Oriente Próximo y hoy, años después, intentan recuperar su influencia en la región sin considerar que las discrepancias políticas y el desprecio, complican la posibilidad de trabajar juntos.

Con el pretexto de defenderse del terrorismo y con su paranoia, creen que la frontera del río Bravo es la puerta de entrada de los terroristas (y no sus puertos marítimos o aeropuertos) y con esos argumentos tratan de cerrar la frontera levantando un muro, en lugar de imaginar proyectos que convengan a ambos países aunque tengamos costumbres diferentes (como en Tijuana de Babel, nominada para el Oscar).

¿Por qué en lugar de discriminar, despreciar y levantar muros de ignominia, no invertir y crear escenarios a favor del Tratado de Comercio, como lo hicieron los europeos hace décadas para formar una Unión sin fronteras, potenciando a sus miembros como fue España que pasó del segundo al primer mundo, gracias a la oportunidad que tuvo y a los financiamientos de infraestructura, entre otros apoyos que tuvieron que ver con la mejoría de su economía?

Vamos a ver si hay alguna propuesta en este sentido. (El Informador, martes 13 de marzo, 2007)