Entre manifestaciones te veas

«Entre abogados te veas» era una maldición gitana, según mi padre, y seguramente lo era en aquellos años cuando sabían lo que era caer entre las garras de estos profesionales y recorrer esos pasillos kafkianos, donde los resultados eran impredecibles como si uno se encontrara dentro del laberinto, no del Fauno, sino el de las pesadillas.

Ahora parece que ha cambiado y la declaramos «entre manifestaciones te veas» o «entre milagros te veas», como sucede entre los habitantes de las metrópolis que no sabemos cómo es que funcionan pues parecen estar colgadas de hilitos, como los que tiende la Compañía de Luz y Fuerza del Centro con todo y sus apagones —tres y cuatro diarios—, sin decir agua va que, por cierto, el que haya este líquido para su consumo diario, es otro de los milagritos metropolitanos, donde sobrevivimos a pesar del tráfico tan dificultoso, donde el tiempo de traslado es cada vez mayor y el día que fluye, creemos, otra vez, que es otro milagrito.

Pero a toda esta retahíla de dificultades urbanas, nos ha caído la maldición que permite haya manifestaciones, casi todos los días, de esas redes de perredistas sindicalizados llámense CNTE, UNAM o UM o las huestes del líder de la UT y de TELMEX que, frente a la racionalización y el debate en el lugar apropiado sobre los temas de la reforma del ISSSTE, se oponen con sus inútiles manifestaciones, impotentes de no poder hacerlo en la Cámara de Diputados o de Senadores como lo hizo el cada vez más ridículo Pablo Gómez, transformado en «neometrosexual» que, ante su incapacidad de convencer con su gastada ironía e impotente para proponer alternativas razonables, ve con displicencia cómo es que se acepta la reforma —85 votos a favor del PAN, PRI y Verde, contra los 32 de PRD, PT y Convergentes—, y la semana pasada fuimos testigos de la primera reforma de la última década, ¡milagro!, donde deciden crear a un órgano desconcentrado que administrará los recursos individuales de los trabajadores; donde habrá una pensión mensual alrededor de los 3 mil pesos actualizada cada año con el IPC; donde habrá un esquema de ahorro voluntario para el incremento de las pensiones y se respetarán los derechos de los jubilados y, en donde, la edad de retiro se irá incrementando cada dos años hasta llegar, dentro de 20, a los 60 para los hombres y 58 para las mujeres y, por último, en caso de muerte, los beneficiarios recibirán la pensión y podrán retirar el monto de la cuenta individual de un sólo trancazo.

En la segunda mitad del siglo XIX el rechazo a las reformas generó una guerra civil entre los liberales y los conservadores, acompañada de una invasión por parte de los franceses con todo y la instalación del emperador Maximiliano. Menos mal que ahora sólo sufrimos la maldición gitana de las absurdas e irracionales manifestaciones, donde la razón se ha convertido en una falsa consigna y la verdad, en una vil mentira. (El Informador, martes 3 de abril, 2007)