El velo pintado o Al otro lado del mundo

Una pareja compuesta por una frívola inglesa que se casa con tal de huir de la casa de su madre con un médico investigador de los bacilos que producen las epidemias, más callado que otra cosa, terminan viviendo, finalmente, en un pueblo a orillas del Yang-tse, donde enfrentan los demonios del engaño y de la cólera. Ella sabía que estaba al otro lado del mundo no sólo geográficamente, sino desde cualquier otro punto de vista. Primero en Shangai el médico sorprende a su mujer en las manos de un diplomático y, colérico, le propone dos salidas: una, que se vaya con él a un pueblo a orillas del Yang-tse donde hay una epidemia de cólera que debe atender o que le dé el divorcio de inmediato.

Todo esto sucede en los años veintes, cuando iniciaba la campaña por el nacionalismo chino y la xenofobia que lo acompaña, un año después del primer congreso nacional del Kuomintang (KMT) donde intentan la reconstrucción nacional empezando con un gobierno militar, seguido del KMT, hasta llegar a la soberanía popular bajo los tres principios del pueblo: nacionalismo, democracia y bienestar del pueblo.

La trama principal gira alrededor de la pareja inglesa que se va a un pueblo chino a orillas del Yang-tse para arreglar, de ser posible, su relación. Al otro lado del mundo es la película basada en El velo pintado de W. Somerset Maugham (1874-1965), autor de Servidumbre humana, la más famosa de sus novelas.

Descubierto el engaño de la esposa, se inicia la doma o la venganza correspondiente con esta fierecilla, a costa de lo que sea, con tal de que esta mujer entienda lo que es el amor y los principios básicos de una pareja. La va amaestrando primero con la ley del hielo que el médico aplica con todo el dolor de su alma, hasta que se va desarrollando este drama romántico entre los velos pintados por la bruma que se levanta desde el río y cubre el paisaje de las montañas y la vergüenza de la pareja al desnudo.

Edward Norton (1969-) es el joven médico y Naomi Watts su esposa. En el pueblo sobre el río aparece un extraño personaje llamado Waddington (Toby Jones), un inglés acomodado en China desde hace tiempo que resulta ser un buen hombre, tal como lo declara su amante china. La locación, como decíamos, es un pueblo al pie de las montañas, sobre el imponente río de casi 6 mil kilómetros de longitud que fluye, primero, entre unas gargantas, hasta que se regulariza río abajo para desembocar en el mar de la China oriental, formando un estuario donde se encuentra el puerto de Shangai; el guión es impecable y narra la transformación de la pareja en donde ella deja de ser una esposa frívola para convertirse en una verdadera mujer.

Para salir del vacío en el que vivía, fue necesario que se integrara al paisaje y empezara a vivir incomunicada y que se diera cuenta de la pobreza que la rodea, resistiera la xenofobia a flor de piel y, con todo esto, enfrentara la bandera negra que ondeaba gracias al soplo de la muerte, desde que amanecía hasta el final de la obra, al tiempo que veía cómo empezaba a moverse la bandera blanca, con el viento de la esperanza y del perdón.

El paisaje es abrumador como lo es el clima. El contraste entre las dos culturas era tal, como el que hay entre el deseo de muerte y el deseo de vida —tal como lo definió Freud— y esto hace que los dos amantes desafíen al destino y luchen entre el odio y el amor, entre el rechazo y el deseo, entre la vida y la muerte hasta encontrar un posible borrón y cuenta nueva.
De pronto, entre las miserias cotidianas y la lucha contra el cólera, algo se mueve en ella con las teclas de un viejo piano donde ella interpreta, como lo hacía en Londres, algunas obras de Satie (1886-1925) y que resultan ser el tiempo pasado y el recuerdo que él guardaba cuando la había conocido. Ahí mismo empieza a dar la vuelta su vida entre las monjas y los niños del convento con los que canta y baila.

Tal como lo hacían en la Edad Media para entrenar a los halcones (hembras), vemos cómo las voluntades se van doblegando, poco a poco, frente a este paisaje y al ambiente hostil que los rodea, hasta que vuelve a brotar lo que estaba escondido, como sucede en esta historia adaptada por Ron Nyswaner, para que la dirigiera John Curran.

La miseria se soporta por el paisaje sobre el majestuoso río que fluye en silencio como un gigante mudo, todopoderoso, que refresca el ambiente y la vista: el rocío que se levanta intenta cubrir el paisaje y sus verdes montañas como un velo pintado entre los gritos de las aves que buscan la carroña mientras planean desde las alturas.

Dos meses eternos pasan en ese infierno. Mientras, el médico intenta detener la epidemia y su esposa se olvida de su amante. En medio de la cólera el destino actúa —títeres de la fortuna— y, en medio del velo pintado, la vida da la vuelta para que todo siga igual aunque diferente. (El Financiero, lunes 21 de amyo, 2007).