Festival de Teatro en San Miguel de Allende

Peer Gynt y el sentido del teatro.
San Miguel de Allende ha sido, desde hace tiempo, una ciudad cuyos habitantes, residentes o flotantes, les interesa las artes y, por eso, tienen sus temporadas de música de cámara, exposiciones en las galerías de arte y toda clase de encuentros. Faltaba el teatro pero, Rodrigo Johnson Velorio, y todo un equipo, se lanzaron a organizar un Festival Internacional que este año se inaugura el próximo viernes 11 de mayo y que concluye el día 15, con varias obras de teatro profesional y alternativo, nacional e internacional. Abre fuego graneado Peer Gynt, una obra maestra de Ibsen, dirigida por Carlos Corona y con Rodrigo Vázquez en el papel principal, en una de sus mejores actuaciones; pondrán en escena el Réquiem por un payaso y los títeres de Mónica Hott; además, Julio sin Agosto de Carmina Narro, entre otras nacionales, con subtítulos en inglés en consideración de la comunidad que ahí vive o, en español, cuando se presente la versión de Enrique V de Lucidity Suitcase de Nueva York, porque la obra de los ingleses The Cost of Living, no lo requiere pues, es lo que le llaman «Teatro Físico» que, más bien, se centra en la danza.

Escena 2 se inaugura con Peer Gynt, una obra fantástica con la que puede suceder que se conmuevan hasta las lágrimas, como nos sucedió en el cine con Cinema Paraíso. Peer Gynt nos llega hasta el fondo del alma porque nos podemos identificamos con el personaje principal, un joven que se refugia en la fantasía para evadir su miserable realidad y, cuando un día regresa a su casa, después de varias aventuras, encuentra a su madre moribunda en la misma camita donde Peer dormía de niño. Era todo lo que le quedaba. Sin poder aceptar esa brutal realidad, le dice Peer que se prepare porque la va a llevar a un viaje extraordinario, que se agarre bien porque se van hasta las mismas puertas donde está san Pedro con quien discute la entrada de su madre al cielo. Sin tener respuesta, nervioso, le pregunta si no tiene un trago que le invite. Pero san Pedro se cree mucho y no le hace mucho caso hasta que aparece el mismo Dios y entonces Peer voltea con el portero y lo amenaza de que pronto tendrá su merecido. De pasada, le recomienda que deje esos modales que son más bien de un trinchante. Le dice a su madre que ahora ya puede pasar. Pero ella está acurrucada y parece que sonríe.

― ¡No me mires así! ¡Habla, madre! ¡Soy yo, tu hijo! ―le dice Peer. Es cuando decide soltar las riendas con la que se la llevó hasta las puertas celestes y, aceptar la realidad. Por eso le cierra los ojos y le pide a su vecina que la entierre con todos los honores, como se merece, porque él debe salir de ahí cuanto antes, hacia el mar, lejos, muy lejos, mucho más de lo que ella se imagina.

Peer Gynt se nos quedó en el pecho y, desde hace tiempo, le preguntaba a Mónica Raya, directora de Teatro de la UNAM, si la podría reponerla. Cuando Johnson me dijo que sería la obra con la que se inaugura el Festival, decidimos salir a San Miguel, cuanto antes ―como decía Peer―, para llegar al Teatro Ángela Peralta y ponernos en la primera fila.

La emoción que nos produjo esta obra puede ser la respuesta a las preguntas que hace Carla Matteini el relación al sentido del teatro en este siglo XXI: ¿Qué sentido tiene el teatro en este nuevo siglo? ¿Cuál es su conexión con una realidad tan confusa, acelerada y profundamente descorazonadora como la que vivimos actualmente? ¿Somos los teatreros restos del pasado, empeñados en un esfuerzo obsoleto y tal vez algo patético? ¿Quiere alguien “escuchar” durante más de una hora, cuando nos hemos acostumbrado a mirar sin oír, a dejarnos atropellar mirada y cabeza con imágenes cada vez más veloces, a discurso o diálogos huecos y mal pensados, inhibiendo más y más toda capacidad de pensamiento, o, por lo menos de reflexión?

Ir al teatro y ver a Peer Gynt en el segundo Festival Internacional de Teatro (Escena 2), donde además hay otras obras para niños y adultos, mexicanos y extranjeros, clásicas modernas o alternativas como la versión de Enrique V o The Cost of Living, con un grupo de artistas que, bajo la guía de Loyd Newson, aplican al concepto del «Physical Theatre», o, ver Julio sin Agosto de Carmina Narro, que es una flamante obra de cámara, creo que es una buena idea, pues si logramos meternos en la trama y los actores hacen creíbles a sus personajes, si aceptamos las convenciones ayudándonos un poco con la imaginación, como lo hacían en el teatro isabelino y, en concreto, en Enrique V cuando el Prólogo nos propone: «imagínense, cuando les hablemos de caballos, que los ven golpeando con sus duros cascos la blanda tierra; es su imaginación la que hoy debe vestir a nuestros reyes que van cabalgando de aquí para allá, brincando en el tiempo, convirtiendo los sucesos que duraron muchos años, en una hora y media con el reloj de arena», entonces, vale la pena ir al teatro y, en largo fin de semana, a San Miguel de Allende. (El Financiero, lunes 7 de mayo, 2007).