La Suprema Corte en acción

No recuerdo haber visto tanta acción por parte de la Suprema Corte de Justicia, sobre todo a cargo de esos casos que forman parte del inconsciente colectivo, donde parecía se habían dejado a un lado en detrimento de la práctica democrática y el Estado de Derecho.

De pronto pasa al escenario la Ley Televisa para ponerla bajo una nueva perspectiva y, de ahí, a dos casos deleznables que tanto deseábamos fuesen juzgados: el de Lydia Cacho, la vapuleada periodista que escribe un libro para señalar la existencia de una red de prostitución infantil en manos de unos gañanes deplorables, títeres del mal y, al publicarlo, provoca la movilización de la red de intereses —y de capital— de aquellos que protegen a esta mafia en donde cayó de bruces el «gober-precioso» para castigar, abusando de su poder, a la periodista. Hasta ahora el Gobernador se había librado pero pronto será juzgado por la Suprema Corte y ojalá cumpla con las expectativas que hasta ahora se han creado por parte de la sociedad desesperanzada en la aplicación de la ley y de los derechos que van de la mano de la libertad de expresión.

No sólo eso, sino que también van a juzgar el caso del gobernador de Oaxaca quien dejó que el conflicto de la APPO llegara hasta al colmo de la destrucción, lavándose las manos —como el gober de Puebla—, amparado por la ineptitud y protegido por la bandera de su partido que no ha sido capaz de reaccionar frente a ese caso, ni siquiera ahora con doña Beatriz, mucho menos, aprovechar para revisar su código de ética como proponíamos hace tiempo, sino más bien todo lo contrario: insinúan que la Suprema Corte puede estar politizando los dos casos sólo para proteger con su manto roído y pútrido, del mismo color que el de la impunidad y la corrupción, como con el que cubren a Montiel, sólo para demostrar hasta qué grado puede llegar el poder en manos de un partido caracterizado por la protección, a pesar de que se sabe que está putrefacta parte de su estructura. No hemos visto actuar, como esperábamos, a Beatriz Paredes una vez que tomó la estafeta. Nada, todo sigue igual y se mantiene el principio de «yo te protejo, si tú me proteges» y así, encubiertos, poder seguir caminando por el fango de la corrupción, la prostitución infantil o el narcotráfico.

Nadie es perfecto y seguro que hay otros podridos por otros lados pero, que la Suprema Corte juzgue estos dos casos es empezar a ventilar los primeros trapitos de una larga lista, pues sabemos que «tanto mata a la vaca el que la mata, como el que le agarra la pata», y ahí están esperando ser juzgados otros empresarios, panistas, perredistas o verdes que se han cubierto de billetes —los vimos en TV—, pero donde lo legal se lo pasan por el arco del triunfo, impunes y protegidos por la pirámide del poder. (El Informador, martes 26 de junio, 2007).