Aprender de España

La visita a México de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno español, trae a colación la envidia que nos da cuando vemos cómo lograron salir del subdesarrollo en relativamente poco tiempo. A mediados del siglo XX tenían un nivel de vida que ahora es imposible imaginar.

En aquel entonces era un país aislado del resto de Europa, sin comercio exterior, con un abasto elemental y con serias diferencias en los niveles económicos de su población. Gobernado por una dictadura, vivían reprimidos en muchos sentidos, sin libertad de expresión, limitadas las ideas liberales. De pronto, a principios del XXI, se convierte en una nación integrada a la Unión Europea, pujante, democrática y que forma parte del primer mundo.

¿En que consistió esa magia?, nos preguntamos una y otra vez para ver si podemos aplicar algo de esa experiencia en México. Sin entrar al detalle, sabemos que tienen ciertas cualidades innatas con las que pudieron dar ese paso para delante. Además, la experiencia de haber pasado por el trauma de una guerra civil, los hizo más cautos.

Pero hay otra característica que tiene que ver con la manera de asumir la nueva forma de gobierno y que está relacionada con la fidelidad y la escala de valores. La gente, sin importar rango social, ideología o partido político, lograron acordar unos principios básicos que beneficiaban a la población y lo cumplieron. Eso fue el famoso tratado que se convierte en la varita mágica del ejercicio político hacia el desarrollo. Los acuerdos entre los diferentes partidos, en beneficios de la población, sin demagogias fueron los factores principales con los que pudieron entrar de lleno al cambio estructural a la apertura y a la Unión Europea.

Los lazos con México, además del idioma, son fuertes. Desde hace una década han invertido más de 17 mil millones de dólares para convertirse en socios privilegiados y un aliado de primera magnitud.

Lo que han hecho en España en turismo es otro ejemplo a seguir: se han posicionado en la UE y mantienen estos empleos confiables, además de impulsar el turismo cultural con el Guggenheim de Bilbao; el Contemporáneo de Castilla y León o el de Calatrava en Valencia, ubicándose en la flecha de la vanguardia.

A veces soñamos tener el apoyo de América del Norte como el que recibió España de la UE y que les permitió crecer en una década hasta un 64% en su economía. Pero aquí, todo parece al revés. Bueno, soñar no cuesta nada. (El Informador, 19 de julio del 2007).