martes, 31 de julio de 2007

Corregir es de humanos

En lo que va del primer acto, todo parece que Felipe Calderón actúa con una congruencia que nos ha sorprendido, enfocado a un sólo objetivo: el de lograr que las cosas se lleven a cabo y, si es necesario, rectificar para alcanzarlo. Esta disposición no es fácil encontrarla entre los políticos en el poder.

Ahora, ha aceptado corregir la reforma tributaria y esto ha sido bien recibido. Las reacciones de apoyo por los partidos en la oposición no se han hecho esperar. Habla bien de un hombre en el poder que, como los hemos visto, se encaprichan en sus propuestas y acusan al mundo de ser sus enemigos. Ahora, escuchó buenas razones, que no consignas, y esas se las ofrecieron líderes de la IP que le mostraron cómo esta primera propuesta afectaría la creación de empleo y, por lo tanto a la inversión. Sin más, Calderón acepta que la gente de Carstens no hizo bien la tarea, rectifica y vuelve con los cambios al Legislativo.

La historia nos enseña que, cuando los actores están encumbrados en el poder, no escuchan a nadie, se amachan en sus reales y no les importa las consecuencias, ni lo que piensen los demás. Dos de los peores ejemplos son, por un lado, López Portillo que creía que el precio del petróleo iba a quedarse en las alturas para siempre y no escuchó a nadie, menos a sus asesores hasta que los llevó el tren. Otro, aparte de Vicente Fox, es el viejo rey Lear, que no escuchó a nadie ni a Kent, su fiel colaborador y, terco como pueden ser los viejos poderosos, reaccionó de tal manera que logró destruir todo lo que lo rodeaba, incluso a sí mismo.

Felipe Calderón está hecho de otra manera y lo que le interesa son los resultados: sin protagonismos, ni escándalos, sin echarle la culpa a quien no la tiene, él desea tener una mayor recaudación, para mejorar la distribución del gasto y hacer nuevas inversiones. Punto.

Por eso resulta sorprendente que tenga esta capacidad de rectificar y de aprender de los errores y así, sin más, hace mejor la tarea y vuelve, sin complejos, al estrado para informar los ajustes y los cambios que hay que hacer para lograr el propósito inicial. De pasada, nos enseña la zanahoria que habría si aprueban las reformas y Luis Téllez nos muestra la lista de las inversiones puntuales en la infraestructura que seguramente mejorará la calidad de vida.

Las reacciones han sido positivas y muestran a un político que no se le ha subido a la cabeza el humo de la vanidad del poder y que todavía sabe escuchar, cosa que extrañábamos tanto en los últimos años.

La capacidad de rectificar de los líderes es alentadora, pues significa que podemos volver a creer que con una persona así, podrá haber avances si es que mantiene su actuación como la que hemos visto en este primer acto de los seis que forman esta obra. (El Informador, martes 31 de julio, 2007).