El Chinogate sigue en el aire

Este caso por todos conocido, sigue siendo desconcertante, pues pasamos de un primer acto, donde descubren algunos extraños cargamentos de seudoefedrina, a oler a podrido en las Lomas de Chapultepec para descubrir que, lo que estaba podrido eran $205 millones de dólares contantes y sonantes guardados en un clóset; la PGR se hace de ellos y acusa al dueño, el señor Zhenli Ye Gon, o el Chino Gon, quien estaba huido para luego calumniar al señor Lozano Alarcón, Secretario de Trabajo, a través de su vocero y abogado defensor (sacado de la serie de Los Sopranos, pero de a de veras), acusándolo de lo que ya sabemos de memoria: que lo había extorsionado y por eso tuvo que traer todo ese dinero (¿sin que nadie se diera cuenta?) para tenerlo al alcance de la mano (del PAN o de quién lo necesitara), para cubrirse en los difíciles días de campaña política. Karen Tandy, directora de la DEA, aplaude y dice que «se ha hecho el decomiso más grande de dinero que se ha visto en el mundo», (NYT).

Después de la conferencia de prensa-tomada-de-pelo sigue todo en el aire, y se convierte, por lo pronto, en una comedia de errores hecha con un guión improvisado, lleno de mentiras, de frases confusas como si estuviesen jugando al teléfono descompuesto pues, por un lado el Chino Gon hace públicos sus confusos argumentos, sólo para intentar llamar la atención (¿a quién?, ¿a las autoridades?), parece que chantajeando quiere defenderse, no sin antes dejar un tapete con lleno de preguntas:

Uno, ¿cómo puede uno guardar en una casa $205 millones de dólares al contado, sin que autoridad alguna se las huela o se entere? Si para cambiar $500 dólares para un fin de semana en San Diego es todo un lío.

Dos, ¿de dónde puede salir ese dinero (en billetes y en dólares al contado) si no viene de un banco o de una casa de cambio?, ¿de dónde pues?, qué ¿la droga la pagan en dólares?

Tres, ¿a qué organización pertenece este chino que actúa más bien como agente de la CIA (de los 60’s), alborotando al gallinero o como miembro de la mafia provocando el caos que necesita, sin importar el costo?

Cuatro, ¿cree el Chino Gon que sus calumnias que ha lanzado al aire lo librarán de sus pecados y lavado de dinero?
Prefirió la calumnia, «ese suave vientecillo, esa aura gentil que insensible, sutil y ligera empieza con un murmullo, a ras del suelo, en voz baja y luego, silbando, va recorriendo y va zumbando en los oídos de la gente para introducirse hábilmente y aturdir a las cabezas… y el infeliz calumniado, envilecido, aplastado bajo el látigo público, tendrá suerte si mejor se muere».

Cinco, ¿a cuántos tuvo que corromper en México y en Estados Unidos para situar esa cantidad de dinero sin que se dieran cuenta?, por fin, ¿se lavarán los trapitos sucios? No cabe duda que el poder corrompe. (El Informador, martes 24 de julio, 2007).