El fenómeno de las nuevas siete maravillas

Más de 100 millones de votos

Ben Kingsley y Hillary Swank fueron los anfitriones en el Estadio de Luz de Lisboa que dieron a conocer el resultado de las nuevas siete maravillas del mundo. Tenían una audiencia estimada en 1, 700 millones de espectadores alrededor del mundo. El espectáculo se llevó a cabo, cabalísticamente hablando, el día siete, del mes siete, del año cristiano del dos mil siete y sí, anunciaron las siete nuevas maravillas del mundo que resultaron ser: (1) El Templo de Kukulkán (dentro del sitio maya de Chichén Itzá en México); (2) La Gran muralla china, el cordón de piedras de más de 6,350 kilómetros de largo que resulta ser la única construcción que se puede ver desde el espacio, como lo comprobó Gagarín hace medio siglo, cuando realizó el primer viaje espacial; (3) La ciudad de Petra (Jordania), la antigua capital nabatea en la provincia romana de Arabia Pétrea que, en la antigüedad, era una parada forzosa de las caravanas; (4) El Cristo (Río de Janeiro , Brasil), la escultura de 38 metros de altura hecha en 1932, que es el icono de esa ciudad y que se puede ver de donde sea, pues está en la cima del Corcovado; (5) Machu Picchu (Perú) una ciudad Inca en la cima de la montaña del mismo nombre; (6) El Coliseo (Roma, Italia), célebre escenario de espectáculos populares y la famosa arena de luchas entre los gladiadores a principios de nuestra era; por último, (7) El Taj Mahal (Agra, India), un mausoleo encargado por el emperador Shah Jehan (1632-1645) a Mumtaz Mahal (la «elegida del palacio»), que murió en el parto de su decimocuarto hijo. Es un edificio que está a orillas del río Yamuna y está adornado con esculturas delicadas con versículos del Corán y con motivos florales y geométricos; la ha conservado a las mil maravillas (valga la expresión) y pertenece al catálogo del Patrimonio Universal de la UNESCO desde 1983.

Fueron 100 millones de personas las que votaron, por teléfono o Internet, por su maravilla preferidas entre las candidatas, es decir, que fuese una estructura creada por el hombre hasta antes del año 2000 y que todavía estuviera en pie, eso era todo, el resto, la razón que usted quisiera, incluyendo el orgullo nacionalista usted podía votar por alguna de estas maravillas hecha por el hombre.

Toda la campaña y la clasificación final se concentraba en lograr que sólo fueran siete de ellas —por ser número cabalístico, más que otra cosa— y no, como se nos podría ocurrir, catorce o diecisiete o dos mil siete, que las debe haber en el mundo, según los gustos y la capacidad de asombro que tengamos, como la Acrópolis de Atenas, el centro neurálgico de la cultura de occidente y, para mi gusto, una más de estas maravillas y no, por ejemplo, el Cristo del río Carioca.

La iniciativa fue del cineasta suizo Bernard Weber quien decidió tomar el pulso de la opinión pública mundial, después de ver cómo había sido destruida la estatua gigante del Buda de Bamyan, por parte de los talibanes en el 2001. Weber se propuso esta locura y logró de mover la opinión de medio mundo (100 millones se dice fácil) para que votaran libremente sobre la herencia cultural que compartimos los habitantes del planeta y clasificarla como su maravilla.

«¡Qué obra de arte es el hombre, cuán noble su sensatez y sus facultades; en forma y en movimiento qué expresivo y admirable; cuando actúa, parece un ángel y un dios cuando razona: es la belleza del mundo y un ejemplo del reino animal!», como se atreve a decir Hamlet, a pesar de estar con un estado de ánimo por los suelos.

Ahora hay dos clasificaciones, las nuevas maravillas y aquellas obras más notables de la antigüedad como eran: (1) Las pirámides de Egipto; (2) Los jardines colgantes de Semíramis, «La hija del aire», en Babilonia; (3) La estatua de Zeus en Olimpia; (4) El Coloso de Rodas; (5) El templo de Artemisa en Éfeso; (6) El mausoleo de Halicarnaso y (7) El Faro de Alejandría, y cada vez que imaginábamos las siete maravillas, nos venía aquello que decía Hamlet: qué pieza de arte es el hombre, capaz de hacer estas obras y muchas más. Cada vez que pensamos en una de estas siete o diecisiete o mil siete cosas que ha hecho el hombre, incluyendo las naves espaciales, el clip, el cine o la penicilina, me viene a la cabeza la clase de obra de arte que es el hombre, creador de todas estas pequeñas y grandes maravillas.

La UNESCO no avaló la campaña, pues no estaba de acuerdo en el criterio de selección, ni que hayan dejado de impulsar la conservación, sino que sólo eran unas decisiones «sentimentales». Sí, tienen razón, pero, fueron 100 millones de personas las que voluntariamente participaron. ¿No es notable?

Bien por México, que logró incorporar, dentro de este catálogo, a una de sus maravillas: el monumento de la antigüedad que integra el arte arquitectónico, con los solsticios y la astronomía de los mayas. (El Financiero, lunes 23 de julio, 2007).