Cincuentenario de las Torres de Satélite

Faro inamovible diseñado por Luis Barragán y Matías Goeritz

«Barragán es nuestro poeta mayor del espacio —escribió Fernando González Gortazar—, y también nuestro mayor poeta del vacío, un espacio y un vacío que se ocupan densamente a sí mismos y no necesitan otros motivos para existir». Sí, Luis Barragán y Matías Goeritz fueron los creadores de esa escultura monumental, como buen poeta del vacío, que ahora celebra sus primeros cincuenta años de vida. Se trata de las Torres de Satélite en Naucalpan, Edo. de México y para celebrarlo, la Casa Luis Barragán, catalogada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, montó una exposición fotográfica para que podamos conocer mejor su diseño, el proceso de su construcción y podamos verla desde varios puntos de vista, desde su gestación, hasta su atormentada infancia, para concluir en la plenitud, en esta edad a la que ha llegado, ofreciéndonos siempre una perspectiva única.

Las Torres de Satélite siguen siendo el faro de esa ciudad, ese punto inamovible para los que navegan todos los días, ya sea que salgan del norte o del sur, disfrutando y ojalá sorprendiéndose, de la verticalidad de sus cinco espigadas torres que son unas claras, esbeltas y majestuosas torres de cemento pintadas que, en perspectiva, parecen rascacielos, como los que nunca hemos tenido pero que son, sin duda, una expresión del deseo sublimado de crecer, tal como el que se llevó a cabo en la segunda mitad del siglo XX.

Colocadas a la entrada y a la altura de la ciudad Satélite en medio de una plaza donde nos podemos asomarnos para ver la mancha metropolitana, el extenso lago urbano que, por las noches, brilla con su manto dorado y que recuerda el asombro que tuvo Bernal Díaz del Castillo cuando pudo ver a la Gran Tenochtitlan: «cosas tan admirables que no sabíamos qué decir, o si era verdad lo que por delante parecía, que por una parte en tierra había grandes ciudades, y en la laguna otras muchas… y, por delante, la gran Ciudad de México».

Hace cincuenta años el mundo y la ciudad de México eran diferentes: hacía poco más de una década que había terminado la segunda Guerra Mundial (1939-1945) y México se montaba sobre la marea de la reconstrucción que golpeaba los muelles del desarrollo. Hacía un par de décadas, que se tenía una industria del petróleo convertida, a esas alturas del siglo, en la fuente principal del crecimiento para la segunda mitad del siglo XX.

El empleo y las oportunidades crecían y los urbanistas, como el arquitecto Mari Pani, sabían que la población estaba aumentando exponencialmente. Era urgente construir una infraestructura para una ciudad aledaña a la Capital, como la imaginó y planeó Pani durante el gobierno de Miguel Alemán (1946-1952) y que culminó durante el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines.

El arte caminaba al mismo ritmo en sus diferentes géneros y Pani invitó al arquitecto Luis Barragán (1902-1988) quien, junto con el artista Matías Goeritz (1915-1990), diseñaron lo que sería la puerta de entrada y el punto de referencia de la moderna ciudad localizada en el aledaño Estado de México, al norte de la ciudad: de mayo a noviembre de 1957 se construyó esta escultura que ahora conocemos como las Torres de Satélite.

En esta exposición podemos ver la historia gráfica de las Torres de Satélite y reconocer sus diferentes etapas de desarrollo, lo avances en el tiempo de la construcción de las cuatro torres que las vemos como rascacielos por una ilusión óptica, sobre todo si vamos del sur y que nos sigue encantando por su humildad, equilibrio y la verticalidad que nos ofrece esa fachada con su vértice con el que nos da la cara, tal como lo marca su perfecta geometría; luego, si es de espaldas, cuando viene uno del norte, vemos el tercer lado de las torres, que nos muestra otra panorámica, como si fuera lo que todo mundo quiere ocultar.

La exposición está formada por fotografías e imágenes de las Torres tomadas por varios artistas nacionales y extranjeros como son: Antonio Caballero, el japonés Yutaca Saito, Pablo López Luz, Alberto Moreno, Sebastián Saldivar, Cerit Win Evans, Armando Salas Portugal, Marianne Goeritz, Sergio Zambrano, Tomas Moreno Arreola, Dune Vusquet, Guillermo Merino y algunas aéreas de la Fundación ICA tomadas en el año 1958.

La exposición culmina a fines de mes con una conferencia magistral del arquitecto y escultor tapatío Fernando González Gortázar en la Casa Luis Barragán, quien ha dicho que «Barragán ha opuesto la profanidad a lo espurio, el refinamiento a la vulgaridad, la necesariedad a lo gratuito, la privacía e intimidad a la carencia de real existencia propia, virtudes aquéllas muy escasas, vicios éstos casi universales… sus formas desnudas por las que el espacio fluye, pero en las que el tiempo parece reposarse en donde uno siempre está solo no importa lo público que sea el sitio». (El Financiero, lunes 10 de septiembre, 2007).