jueves, 6 de septiembre de 2007

Entre los tabúes y la modernidad

La ceremonia ha cambiado y todo parece que nos acercamos a la modernidad y a la salud democrática como no lo habíamos hecho desde aquellos rituales parecidas a las de las tribus primitivas donde se exageraba la importancia del gobernante, atribuyéndole poderes ilimitados y luego le echaban la culpa cuando los resultados eran malos —como dice Freud en Tótem y tabú. Tal parece que las tribus y algunos neuróticos creen que la autoridad es el agente provocador de la lluvia o el regulador del sol o de la dirección del viento y, por eso, cuando la Naturaleza los defraudaba, los mataban o los destronaban, pues sus esperanzas de una buena cacería o una buena cosecha habían desaparecido.

Los tabúes eran impuestos por los jefes y por los sacerdotes para perpetuar sus propiedades y sus privilegios y los imponían con los enemigos, con los jefes y con los muertos. Cuando llegaban de la guerra, con las cabezas de los enemigos en la mano, ofrecían sus sacrificios para apaciguar a las almas de los vencidos; los jefes establecían unas ceremonias donde alejaban a sus súbditos lo más posible, pues inventaban que su contacto era terrible y, con los muertos, no había que tocarlos, pues nos contagiaban su impureza y, por eso, en el luto por la pérdida, estaba prohibido hasta pronunciar su nombre. Apestaba. Igual los neuróticos que las antiguas tribus: tienen prohibido acercarse o pronunciar el nombre del muerto, tan parecido, aunque al revés, de lo que están haciendo los perredistas después de la derrota del 2006.

Fuimos testigos de la ceremonia del primer informe del gobierno de Felipe Calderón y vimos cómo se ha modificado: los perredistas en el Legislativo, que representan al 18%, abandonaron la sala y con eso, vuelven hacer patente su neurosis pues niegan la realidad y, en lugar de enfrentarla, la niegan.

El domingo, sin poder resistir la tentación, unos cuantos perredistas salieron a la calle gritando sus consignas e intentando bloquear el acceso al Palacio Nacional en donde Calderón daba un resumen del estado de su gobierno y explicando porqué había hecho lo que decía durante los primeros nueve meses como Presidente.

En San Lázaro se logró una ceremonia pacífica y el cumplimiento constitucional y, en el mensaje, Calderón insistió en el diálogo, en la discusión de las diferencias para aceptar las coincidencias y lograr así: la igualdad de oportunidades, el desarrollo integral y el bienestar de las futuras generaciones. Entre todo hubo una seria advertencia: quedan nueve años de reservas petroleras comprobadas.

El informe puede desaparecer, los hechos los conocemos día con día: el estado de la economía, el debate de las reformas, el empleo, la seguridad, la educación, la justicia, etc., pero no está mal tener una visión del futuro y las causas y efectos de lo que está haciendo. Lo que vimos este fin de semana habla de un gobierno menos aparatoso que sabe que podrá lograr sus objetivos compartiendo el poder. (El Informador, martes 4 de septiembre, 2007).