Las dos reformas

La semana pasada, antes del grito, parece que desquitaron su sueldo los diputados y senadores que, en un especie de hormiguero, subían y bajaban a la tribuna unas negras y otras rojas discutiendo los pros y contras de las reformas propuestas en materia electoral y fiscal. Una de esas hormigas rojas, Layda de nombre y Sansores de apellido, siguiendo las consignas de quien considera su patrón, tomó por la fuerza el atril principal de la tribuna y colorada por la impotencia, sin saber cómo discutir las razones y los argumentos para convencer al resto de los legisladores, lanzó consignas para impedir que otros oradores usaran la razón y la retórica el micrófono para presentar su argumentación racional y pudieran presentar sus argumentos al resto de legisladores. En la desesperación, acusó a las rojas hormigas de tibieza, pues «Andrés Manuel nos pidió tomar la tribuna…», decía Layda de Convergencia, aferrada al micrófono.

A pesar de ese medio plantón, fueron aprobadas las dos reformas que se entretejieron negociando, cediendo en una para aprobar la otra, en esas negociaciones que se parecen a la rebatinga del mercado con las marchantas «regateando» el mejor precio posible y que resulta ser como actúan algunos de los clientes habituales de San Lázaro y que son unos verdaderos expertos en esta materia.

Para estas fechas ya se habrán publicado toda clase de críticas, comentarios y juicios sobre las dos reformas necesarias que limitarán, por un lado, los gastos publicitarios de los partidos y los spots millonarios pagados con el dinero que el IFE les otorga y que viene del presupuesto anual de la Federación en donde los únicos que se quejan son los dueños de los medios pues sus utilidades históricas, se verán mermadas cuando aprovechaban el «posicionamiento» de esos partidos o políticos. Parece que habrá un ahorro (o gasto en otro sector) por tres mil millones de pesos.

Sin embargo se mueve, como ahora parece ser el slogan de San Lázaro y el mundo gira pues parece que se han sacudido la flojera y la incapacidad de avanzar, aunque sea a paso chico y sólo para señalar la dirección a la que se quiere llegar algún día para mejorar los gastos de un país en desarrollo, y aplicar mejor los que ahora se podrán usar en otros renglones con las nuevas inversiones provenientes de una recaudación mayor.

La reforma fiscal tiene su paradoja, pues el incremento del 1% del PIB para las nuevas inversiones como objetivo principal, de pasada podrán controlar mejor con el IETU (que va a doler) que inicia con el 16.5% y termina, en el 2010, con 17.5% controlando a aquellos que evadían impuestos con o sin la ingeniería financiera, además de un primer intento para que los informales paguen por lo menos el 2% de sus depósitos mensuales de $25,000 pesos al contado. Así se mocharán con el fisco, que bien sabe que más vale pájaro en la mano, que ver a un ciento volando. (El Informador, martes 18 de septiembre, 2007).