¿Qué es lo que mantiene vivo a Shakespeare?

The Old Globe en San Diego, California

Desde que descubrimos el Festival de Shakespeare en The Old Globe de San Diego, California, hemos ido a celebrar este rito donde vemos la puesta en escena de tres obras del cisne de Avon, con los actores residentes de ese teatro, acompañados por estudiantes de la UCSD, bajo el mismo concepto con el que lo fundó Craig Noel en 1937 y que, hasta ahora, cumple su cometido. Tres obras de Shakespeare bajo la dirección artística de Darko Tresnjak quien también puso este año El mercader de Venecia en Stratford-upon-Avon.

Durante el festival de este año pusieron la primera de las comedias escritas por Shakespeare (1592), Los dos hidalgos de Verona, para entrar al día siguiente por el castillo de Elsinore para ver Hamlet, el príncipe de Dinamarca, la joya de la corona, y concluir con Medida por medida una obra problema, como le dicen. Las tres obras se presentan al aire libre, bajo el cielo de California, en el teatro que está en Balboa Park, diseñado para presentar obras del bardo durante los veranos.

Sin duda que Shakespeare está vivo, como lo han discutido Joseph Papp y Elizabeth Kirkland, pero el misterio está en saber por qué sigue estando más vivo que nunca brillando entre los escombros. ¿Cómo es posible que después de cuatrocientos años siga entreteniendo e inspirando en todo el mundo y en todos los idiomas posibles? ¿Será por los temas que trata o por los conflictos que explora, por lo que ha trascendido todos estos siglos en diferentes civilizaciones?

En medio de la Primera Guerra mundial, un soldado inglés escribió desde su trinchera: «no existe pena, terror o duda que suceda aquí, que Shakespeare no lo haya tocado o advertido». Cuando murió, le encontraron una copia de Enrique V en su chaqueta.

El terrible y eventual sufrimiento, los conflictos entre la justicia y la piedad, entre la naturaleza del poder y el individuo, entre la vida en familia y la mágica transformación del amor, son los temas que Shakespeare trata en sus obras y que resultan ser parte importante de la condición humana desde que el hombre es hombre. ¿Serán estos temas lo que lo mantiene vivo? ¿O tendrá que ver con el amplio espectro de las fuentes literarias que utilizó y que, al rescribirlas para el teatro, les dio una nueva vida más duradera? ¿O será que se ha convertido a su vez en una fuente inagotable para que otros artistas se impulsen, a partir de estas obras, para expresar su propia creatividad?

¿Será esto lo que mantiene vivo a Shakespeare? A lo mejor es el lenguaje que hablan sus personajes y que, a pesar de que en parte ya es obsoleto, sigue teniendo un ritmo, una música y una tal fuerza y expresividad que nos preguntamos seriamente si eso es lo que lo mantiene vivo. Por nuestra parte, sabemos que al ser traducido perdemos el ritmo, la música y el juego de palabras, pero es posible que ganemos en la metáfora y la trama. ¿Serán, entonces, las metáforas, las tramas y subtramas las que nos mantienen al borde la butaca y, por lo tanto, lo mantienen vivo? O tal vez sean los personajes, llenos de vida que nos brincan entre las páginas, donde cada uno de ellos parece que tiene vida propia fuera del escenario. Un escritor victoriano se inspiró en ellos e inventó su vida antes de empezaran a aparecer en las obras, como hace poco lo hizo John Updike con Gertrudis y Claudio antes que inicie Hamlet. Pero en verdad, donde existen es en el escenario y no fuera de él para ser psicoanalizados, sino ahí mismo, en sus actuaciones. Falstaff no podría existir sin una audiencia y un escenario donde pueda decir todas las barbaridades que le conocemos; el Guardia del castillo de Elsinore declara que «algo huele a podrido en Dinamarca» y le da al color de trasfondo a la obra y, ¿dónde podría estar Ricardo III si no puede decirnos, en confianza sus planes a quienes somos su verdadera audiencia?

La vitalidad se Shakespeare se expresa no sólo en los grandes personajes, sino en las más insignificantes de las criaturas del escenario: los guardias, los sirvientes, los soldados, las nodrizas, los niños y las cortesanas menores. Como lo comprobamos en The Old Globe con Bernardino, ese prisionero borracho en Medida por medida, que le puso trabas a la trama y al duque de Milán, al negarse a morir en el momento oportuno. O Pedro, el sirviente de los Capuleto y su manera de lamentar la (supuesta) muerte de Julieta o los sirvientes anónimos de Gloucester en Rey Lear que buscan yemas y claras de huevo para calmar el rostro sangrante de su amo, al que le habían sacado los ojos. Por eso tal parece que los personajes de Shakespeare existen fuera del escenario y siguen vivos después de que los vemos en el teatro.

¿Será esto lo que mantiene vivo a Shakespeare? Los temas, las preocupaciones humanas, el lenguaje poético o las historias de sus personajes tan reales. Todo esto hace posible que Shakespeare se mantenga vivo pero, lo que lo realmente lo logra, es ir a ver sus obras al teatro como lo hacemos cada año en «El Viejo Globo» de San Diego. (El Financiero, lunes 1 de octubre, 2007).