Campanadas de la Catedral

Tal parece que algunos seguidores o mercenarios, miembros del movimiento lopezobradorcista del PRD, se molestaron por las campanadas de la Catedral mientras que su jefe o Rosario Ibarra rezumbaban en la plataforma del Zócalo, el epicentro de sus movimientos telúricos, ahora proponiendo salir a defender la industria del petróleo mexicano, que tal parece es indefendible pues pertenece al mundo anacrónico del nacionalismo y no a la modernidad de la globalización, pero con «su visión de la realidad».

Para otros resulta más bien una posición retrograda, una regresión a sus orígenes en el tropical y maltratado Tabasco, su tierra natal —donde recientemente fue abucheado— donde sólo repite aquello que aprendió en la toma las instalaciones de PEMEX, hace varios sexenios, demostrando con eso su fuerza frente a un Roberto Madrazo que sin saberlo ya era, desde entonces, el «betrüger» de Tabasco.

La molestia por las campanas de la Catedral irritó a algunos de sus seguidores o mercenarios —aunque el Pilatos-PRD pretende lavarse las manos— para irrumpir con violencia y desparpajo el recinto sagrado, como si fuese una instalación más del anquilosado PEMEX, interrumpiendo los ritos y el espacio de la Catedral Metropolitana.

El tema es delicado y no le va a beneficiar a AMLO en esa ya tan desfigurada imagen como político, pues lo que sí está claro es que puede convocar a las masas que luego se comportan como tales, para exhortarlos a lo que se le ocurra, sin mayores cuestionamientos, como debería ser la estrategia correcta de un político de la oposición y no la de un mecenas que intenta salvar a su pueblo.

En este país hay la libertad de culto y respeto por las instituciones religiosas, donde algunos de sus miembros están acusados de pederastia que tarde o temprano la Justicia se hará cargo, pero, irrumpir en la Catedral es un acto de vandalismo —como los de la APPO cuya amenaza está latente en Oaxaca— que muestra el rostro del «México bárbaro», donde las masas obedecen a sus líderes, igual como lo hacían en los años treinta las juventudes hitlerianas despues de sus reuniones en masa, como las que hacían en la plaza de Berlín para luego salir y quemar los negocios de los judíos.

AMLO insiste en que esa es la manera de actuar y esa es su agenda política y así pues, prefiere seguir provocando sin darse cuenta que está en la arena movediza —como lo he percibido hace tiempo—, donde sabemos que entre más se mueve, más de hunde y con esta irrupción violenta a ese «recinto sagrado», no hay duda que su prestigio se ha hundido y podemos decir, para señalar sus orígenes tabasqueños, está con el agua al cuello, dando patadas de ahogado, utilizando estrategias cada vez están más alejadas a lo que se establece la magnífica, aunque modificable Constitución Política, que nos señala el por qué, el dónde, el cuándo y el cómo de una vida civilizada, para quedarse al margen de la sociedad con menos seguidores, aunque él no lo crea, aterrando a una parte de la sociedad civil. (El Informador, jueves 22 de noviembre, 2007).