Fraude

Fraude viene de fraus en latín, mala fe o engaño y de la Real Academia que dice es «un acto realizado para eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros o para burlar los derechos de una persona o una colectividad», por ejemplo, este fraude cinematográfico que todavía está en cartelera, tal como lo realizaron Luis Mandoki, su director y el productor Federico Arreola contratado por Andrés Manuel López Obrador para trabajar antes, en y después en su campaña, a cargo de la comunicación social y, por supuesto, de esta película.

Pero, bien se dice que nunca digas de esta agua no beberé, como soy uno de esos que por haberla bebido veo con claridad lo que esconde ese aparato cinematográfico de 110 minutos con una serie de verdades a medias, testimoniales hechos con una moneda cargada como las que ha estado usando AMLO desde el mismo día 6 de julio por la noche, pretendiendo engañar a quien se deje, lobo de mar disfrazado de humilde oveja, relamiéndose los colmillos para despeedazar a quien se encuentre en el despoblado.

En los ochentas, amenazada la editorial gracias a las devaluaciones de López Portillo, recibí una llamada para saber si me interesaba publicar un libro escrito por Gabriel A. Uribarri de la Universidad del Tercer Mundo, sobre los logros del sexenio de Luis Echeverría. Anticipo por delante acepté los costos de la producción y una compra anticipada de mil ejemplares con lo que imaginé podría librar una batalla. Todo lo contrario, se hundió más el barco, pues moralmente había aceptado algo que estaba en contra de mis principios aunque no tanto de la práctica editorial. Sabía en carne propia que este populista había seducido a los intelectuales —el famoso avión de redilas directo a Buenos Aires, con gastos y tragos pagados—, había impulsado al cine y su populismo se había convertido directamente en deuda externa galopante, acompañado de un egocentrismo mayor que no escuchaba a nadie —fui ayudante de Alejandro Álvarez Guerrero —¡que descanse en paz!— en una reunión con loa veinte ejecutivos internacionales más importantes del momento que venían a discutir sobre las Inversión Extranjera Directa (IED) pues algunos deseaban hacer sus plantas en el territorio nacional— pero don Luis, sólo hablaba de su Carta de Derechos del tercer mundo. Diálogo de sordos.

Por eso duele ver cómo ahora financió AMLO esta versión desbalanceada —bien editada, por cierto—, de lo que ellos dicen fue un fraude y uno sabe que es autogol, pues no se puede engañar al público mostrando la faceta que conviene mostrar de acuerdo a sus intereses. Es otro diálogo de sordos, además de cuestionar el hecho de que esa producción millonaria fue financiada con el dinero del IFE o de las arcas del DF en manos de Arreola quien pudo partir y compartir la mejor de las partes con este fraude cinematográfico que sólo muestra una visión parcial de ese México que se merece un discurso balanceado y objetivo. (El Informador, jueves 29 de noviembre, 2007).