La acción de perfil bajo

Ahogado el niño, se tapa el pozo, como dicen que sucede y mientras se azotan por los cuatro vientos los huracanados dimes y diretes de Vicente Fox y Manlio Fabio Beltrones, donde el primero mantiene una insoportable actitud protagónica y retadora, y el segundo, se esconde tras el escudo priísta que todo lo defiende, mientras sus acusaciones entran por un lado y salen por el otro sin dejar más rastro que un resquemor inoportuno y el deseo de que un día aclaren su situación con datos demostrativos y precisos antes de que sigan causando más molestias, tenemos, por otro lado, a un Felipe Calderón Hinojosa que, sin hacer tanta alharaca ha estado donde tiene que estar, coordinando las acciones, lo mejor que puede, para rescatar a una población que ha sido víctima de los golpes de la naturaleza y, tal parece, por no haber invertido en lo que debieron hacer para mejorar la situación geográfica que los tiene, desde siempre, en desventaja y bajo el nivel del río Grijalva.

Ahora lo que queda es atender la logística, las estrategias inmediatas y que no cause más víctimas, sino que las salve de la angustia a los sobrevivientes y los mantenga con vida para que luego puedan enfrentar su realidad e inicien un nuevo camino. Mientras, no nos queda más que la solidaridad del resto de los mexicanos, junto con la de los Estados vecinos para que puedan recibirlos y continúen una vida de exilados pues, la reconstrucción, implicará mucho trabajo de limpieza, reconstrucción, acarreo de lo desechable y ojalá aprovechen con buenas decisiones pensando en el futuro y sabiendo que estos fenómenos, como los que se están dando, pueden volver a dejar caer la espada de Damocles que pende sobre ese territorio bajo el nivel de los caudalosos ríos.

Ojalá, digo, porque justo es lo que se requiere en estos casos: con una buena política que convence y busca el beneficio de la población aunque la medicina sea amarga. Luego, pensar en la agricultura destruida y en el empleo y, para eso, la posible migración a otros estados, como sucedió a finales de los ochentas, después del temblor en la ciudad de México cuando varias hordas de chilangos se fueron hacia el norte, por el bajío y que llegaron hasta la perla de Occidente y algunos de sus habitantes, aterrados, proponían grafitiando en las camisetas: «hagan patria, maten a un chilango».

Por eso digo que es oportuno reconocer el esfuerzo que está haciendo Calderón, esfuerzo de bajo perfil pero que busca ser eficiente en estos días donde la tristeza ha llevado a quebrar los ánimos de dos que tres reporteros de la TV que, no pudieron controlar la angustia y los sentimientos del panorama tabasqueño. Un bajo perfil bajo que contrasta con los fuera de tiempo de Fox y de su Lady que, como Macbeth, está provocándolo para que demuestre ser machito y que ha acabado, entre otras cosas, con el sueño y con su prestigio. (El Informador, miércoles 7 de noviembre, 2007).