Los demócratas y los ilegales

La semana pasada se llevó a cabo el primer debate entre los candidatos por el partido Demócrata en los Estados Unidos y los contendientes por la Presidencia que entrarán en campaña el año que entra. Los temas, entre los ataques que hubo entre ellos, sobre todo en contra de la puntera, una yegua de corte irlandés que ha corrido por las pistas del Capitolio como acompañante y que ahora regresa para entrar en la Gran Carrera y dar la batalla frontal, es la única yegua que se atreve a correr con paso firme como precandidata venciendo a los otros que se han apuntado hasta ahora, como el Frisón de Barack Obama o el Camarga de John Edwards o Bill Richardson, el millonario gobernador Nevada, que ha recorrido varias pistas con obstáculos como Secretario de Energía, por lo que está al tanto del petróleo, y ahora con el tema tan espinoso de Pakistán con eso de la democracia y Benazir Butho; Christopher Dodd, un caballo viejo y mañoso cuya estampa nos gustó durante ese paseo cuando vimos que su paso era claro y contundente como en sus respuestas y en sus ataques, como si ya estuviese cerca de las pistas de Washington.

La mala noticia tiene que ver con el tema de los inmigrantes ilegales, a pesar de que buscan el voto hispano. Los Demócratas, más liberales que los Republicanos, podrían ofrecer una respuesta a lo que imaginábamos resolvería este tema. Pero nada, aquel que ha cruzado la frontera sin documentos es un individuo que no respeta las leyes y, por lo tanto, debe ser rechazado y sus empleadores condenados, punto.

En el debate no presentaron ninguna solución, sino todo lo contrario e irónicamente decían que México debería “darles trabajo y no mapas para facilitarles cruzar la frontera” y sólo se discutió qué funcionaba mejor, si el muro o los guardias fronterizos, como había resultado en Arkansas, donde ha bajado un 45% y han repatriado a miles.

El punto, pues, es la ilegalidad en el cruce de la frontera sin documentos, sin autorización y, si nos ponemos en sus zapatos, tienen la razón, como también la tienen en que, históricamente no hemos sido capaces de crecer lo suficiente para ofrecer los trabajos que se requieren, bien remunerados, con lo que puedan mejorar la calidad de vida.

No escuchamos propuesta, ni alternativa, como lo han hecho los miembros de la Unión Europea con los españoles, los braceros de Alemania, que recibieron inversiones que los ayudaron a ponerse en el primer mundo, además de que ahora el flujo de trabajadores entre sus miembros es libre.

Por estos rumbos la mentalidad es más bien fundamentalista blanco-anglo-sajón-y-protestante (WASP), que, paranoicos después del 11/09, sólo les interesa el cumplimiento de la ley, la represión, el castigo y la vigilancia puntual y no las posibles para tener al vecino cómodo con inversiones que nos den un empujón o con contratos de trabajo temporal como válvula de escape. (El Informador, martes 20 de noviembre, 2007).