jueves, 15 de noviembre de 2007

UNAM y las pruebas de fuego

Este miércoles se dio a conocer que el Dr. José Narro Robles sería el reemplazo del Dr. Juan Ramón de la Fuente como rector en la UNAM. Como las viejas malas costumbres, tanto el sindicato, como los líderes estudiantiles, han de estar preparando algunas pruebas de fuego, como las que tienen que pasar los recién llegados o como las que teníamos que librar, hace años, cuando ingresábamos a la universidad y que eran unas pruebas sádicas, crueles y despiadadas donde los viejos estudiantes marcaban su territorio y probaban el aguante de los alumnos recientes con actos más bien enfermizos.

La Junta de Gobierno decidió que fuera José Narro Robles el nuevo rector, quien fuera director de la Facultad de Medicina y colaborador cercano del rector de la Fuente. Ahora tendrá varios retos a vencer: la tarea que realizó el doctor de la Fuente durante los ocho años que estuvo a cargo de la Universidad y que se ha considerado excepcional, así como el hecho de haber mantenido el orden y la paz de los estudiantes y trabajadores de la UNAM.

También se va a enfrentar a varias cuestiones como las que han señalado Guillermo Sheridan y Gabriel Zaid, que no le ven remedio alguno al gigantismo de esa institución ni que mejore su nivel académico, una de las tres razones de ser, entre la investigación y la difusión cultural.

Sheridan insiste que «la inteligente UNAM no ha podido responder(se) la pregunta esencial de Gabriel Zaid, quizás porque ni siquiera se la ha hecho: ¿alguien ha demostrado que una comunidad universitaria de 400 mil personas es mejor que cuarenta comunidades de 10 mil?»

Las pruebas de fuego son el equivalente a las perradas de los años sesenta que buscaban degradar a los de nueva incorporación rapándolos, emborracharlos, llenándolos de chapopote y pegándoles plumas para que desfilaran en público, demostrando así quien era el amo de ese territorio. Mala costumbre que, por fortuna, se ha eliminado.

Pero sin duda, las nuevas autoridades pasarán por el equivalente a estas pruebas y por eso, el STUNAM y los líderes estudiantiles han de estar preparando las pruebas de fuego con las que calan y miden la capacidad del nuevo rector, su habilidad para negociar, la solidez de sus criterios para saber hasta dónde están sus límites. Desconocemos cuáles serán estas pruebas y si estarán formuladas como conatos de huelga o el pedimento y aceptación de nuevos «logros» sindicales.

Pendiente estaría la posibilidad de «desmantelar el oneroso y descomunal sindicato ‘independiente y democrático’, empeñado en engordar, en subastarse políticamente y en tener cada vez mayor injerencia en los asuntos académicos, como un poder paralelo; fortalecer, con criterios académicos, los sistemas de autoridad, de vigilancia y de evaluación; elevar la calidad académica y quien pueda pagar, que pague y el que no, y lo merezca, que sea becado», como lo propuso Sheridan desde hace tiempo y que nadie le ha hecho caso a esos pendientes de la agenda imaginaria. (El Informador, jueves 15 de noviembre, 2007).