El Creelgate

El Informador, martes 29 de enero, 2007.

«De plano Santiago, lo tuyo no es la política», le dijeron a Creel varios amigos durante una cacería de perdices en España meses después de haber abandonado la Secretaría de Gobernación y de haber perdido la candidatura del PAN por la presidencia. Varios de estos amigos habían perdido millones de pesos en la precampaña, mientras que otros habían ganado millones por las concesiones que obtuvieron de algunos centros de apuestas que el Secretario aprobó al final del sexenio.

La carrera política de Creel esta llena de baches y el balance deja mucho que desear: mostró su ineptitud en la negociación de los terrenos del aeropuerto en Atenco; participó del famoso «extrañamiento» a la embajada del Reino Unido por la presencia de un grupo de espeleólogos, (exploradores de cuevas), creyendo que eran espías de las reservas de Uranio; promovió la Ley Televisa y los centros de apuestas, entre otras acciones desafortunadas. Por todo esto, es de preocuparse que vuelva a las andadas faroleras y desafiantes que son parte de su obsesión: el dialogar con la oposición fuera de las instituciones, que para eso están.

En un principio había aceptado el reto de «debatir» con AMLO la política energética —por lo cual brincamos desde el viernes pasado—, pues lo único que puede lograr es darle el micrófono a alguien que prácticamente está fuera de escena, además de saber —supongo— que LO no discute, sino que crea consignas con esa su actitud democrática en donde sólo sus chicharrones truenan, sin que le importe lo que digan los demás. Ahora está en duda y AMLO ya lo está atacando diciendo que ojalá acepte el debate porque «de los siete candidatos a traidores a la patria, el único que ha dicho que sí era Creel, los otros son, además de traidores, cobardes».

Parece que los dos perdedores quieren volver a la arena política: uno, que obtuvo la senaduría como premio de consolación, y el otro que decidió ponerse su banda tricolor sólo para volver a fracasar en su gobierno alternativo.
Pero la vanidad y las ganas de llamar la atención es superior a las fuerzas de este Senador. Si acepta, sólo es para convertirse en el senador-incómodo, pues subirá al ring sólo para farolear y simular un debate inútil y obstaculizar el camino para las reformas.

Lo único que va —como dice Catón— es «un flaco servicio al gobierno, a su partido y a la tarea de modernización», pues dialogar con AMLO es hacerlo con la pared —y Creel lo sabe y si no, más le vale— pues la retórica del Peje es sólo un monólogo de la Plaza.

El protagonismo de estos dos políticos es una amenaza pública y ojalá Creel logre contener sus deseos protagónicos fuera de tono y alejados de la estrategia de los Pinos para el logro de una posible reforma energética. El Creelogate está en proceso y yo me pregunto ¿por qué no entiende que «la política no es lo suyo»?