martes, 15 de enero de 2008

El pánico de la recesión

El Informador, martes 15 de enero, 2007.

Todos los días nos preguntamos si hay o no recesión en los Estados Unidos y lo hacemos para estimar los efectos secundarios en estos ciclos más acá del río Bravo y para ver si nos pega en alguna de las tres variables que según Frey y Stutzer forman parte de «la economía de la felicidad», es decir: en los ingresos, el desempleo o la inflación.

La recesión está definida como ese periodo donde hay una reducción (o crecimiento negativo) en el Producto Interno Bruto (PIB), en el valor monetario de la producción total de bienes y servicios de un país durante un ciclo dado.

Lo que ahora calculan es cuánto va a durar esta reducción en el PIB, después que reventó la burbuja hipotecaria, junto con un tasa de desempleo que llegó al 5% como no se tenía desde hace tiempo y en la reducción de las compra y la congelación de los ingresos. Por eso, la Reserva Federal habla de recortar las tasas de interés (medio punto), de tal manera que convenga invertir más en la industria para que se reactive la producción y se reduzca el tiempo de este ciclo.

A una recesión más o menos breve se le llama «corrección económica», sin embargo, los economistas ven difícil establecer la diferencia entre una corrección económica y una recesión, más allá del deseo de evitar que cunda el pánico en la población. En el siglo XIX los sucesos de esta magnitud, se le llamaban «crisis económica».

Nuestra relación y dependencia comercial con los vecinos del norte, nos hace pensar en las medidas que debemos adoptar para resistir y combatir sus efectos secundarios: la disminución de la actividad económica y una reducción en las exportaciones y en las divisas por turismo. Sobre todo, pegará en las exportaciones de bienes y servicios que, por estar engranados con esa economía, se podrán ver afectados.

Pero todo en esta vida, según los expertos, son ciclos y la pregunta que se hace medio mundo es cuánto tiempo durará la recesión, porque en estos casos saben que van del ascenso de la actividad, al descenso, pasando por la recesión y de ahí a la reactivación: «cada fluctuación económica constituye una unidad histórica que no puede explicarse sino mediante un análisis detallado de los factores que concurren en cada caso», como declaró Joseph Schumpeter (1935-) y por esos orígenes, por lo que se sabe, empezó por causa en la crisis de los préstamos hipotecarios cuando empezó el descenso que ahora culmina en esta recesión, sobre las que ya se están tomando las medidas necesarias para darle la vuelta y que empiece la reactivación, mientras vemos a los candidatos gastar 3 mil millones de dólares en anuncios de TV —para envidia de los canales mexicanos— donde tendrán que responder a la recesión, el desempleo, la guerra en Irak y, ya no sabemos si les importará hablar de la posible solución a la migración y al empleo temporal.