jueves, 3 de enero de 2008

Las reformas y el TLCAN

Durante el 2008 se van a aterrizar algunas de las reformas y contrarreformas que se aprobaron el año pasado: entre ellas, la hacendaria que pretende incrementar la recaudación, aunque no haya podido ampliar la base de los causantes, y se intente controlar al informal con el 2% de los depósitos al contado. Los resultados, basados en este modelo de Agustín Carstens, están por verse, así como estarán los efectos del aumento gradual de la gasolina que aunque justifican con números que no será inflacionario, para los neófitos que hemos vivido bajo su influencia, como sucedió en los lejanos ochentas, sabemos que les da al traste a todo lo demás que se haya hecho a la fecha y por eso, surge ese instinto de conservación que, como semáforo, nos pone en alerta. Ojalá Carstens tenga razón y la inflación se mantenga en un dígito como ha sido hasta la fecha.

La contrarreforma que se ha llevado a cabo en el IFE por los errores de comunicación de Luis Carlos Ugalde en julio de 2006 causaron, año y medio después, un ciclón en San Lázaro que acabó con la autonomía de una de las instituciones claves para el mantenimiento de la democracia en México. Hay consternación por los cambios del Legislativo en materia del IFE, donde estas reformas parecen, más bien, una «vendetta» de los partidos perdedores en contra del Consejero presidente y sus ocho consejeros electorales, en un especie de autogol: el IFE ha perdido su autonomía para quedar en manos de quien lo presida.
Todo parece que Felipe Calderón no perderá el rumbo y, en comparación con el señor Fox, está mucho más concentrado en resolver las prioridades tal como han sido las dos o tres reformas que no se habían podido hacer en el sexenio pasado.

Aunque falta mucho por hacer y van a tener que enfrentar varios cambios sustantivos que tocan los extremos políticos y económicos, como la apertura del TLCAN a la agricultura, en donde ya están haciendo agua en algunos frentes —¿como el de Jesusa Rodríguez?—, pertenecientes al ámbito de la izquierda «bien vestida que nunca será vencida» y a los pesimistas, como aquellos que había pronosticando el fin del mundo, cuando el Secretario de Comercio, Jaime Serra Puche negociaba el Tratado en los noventas, donde la bandera de los profetas del fracaso, ondeaba con ese nacionalismo convertido en tabú, que trata de impedir el poder asociarse a las tendencias mundiales.

Ahora critican no haber tomado las medidas que debieron empezar a tomarse antes del 1994, que fue cuando se firmó el Tratado y se sabía que habría una oportunidad para el campo de entrar al mercado del Norte, seguramente cambiando de productos, métodos y mentalidad. Aquellos que lo hagan, mejorarán sus economías que, por un atavismo cultural, han estado sumergidas en la pobreza.

El siglo XXI nos ofrece nuevas oportunidades para mejorar como nunca antes la economía del campo, tal como ha sucedido en otras partes del mundo. (El Informador, jueves 3 de enero, 2007).