jueves, 10 de enero de 2008

Los secretos de Hillary

Las predicciones en la carrera en EUA por la Presidencia van y vienen y tal parece que no le he atinado a ninguno de los que pensaba serían los ganadores: Hillary Clinton por los demócratas y por Rudy Giuliani por el partido republicano.

El ganador de las primarias —aunque haya quedado en segundo lugar en New Hampshire— es Barack Obama que ha sido capaz de seducir a los jóvenes menores de treinta años, ahora sin prejuicios de raza y que buscan «el cambio», sea lo que sea este concepto, aunque tras bambalinas sea la falta de experiencia de Obama.

Tendría que haber leído las dos biografías recién publicadas: Hillary Clinton, Her Way escrita por Jeff Perth y Don van Natta y A Woman in Charge de Carl Bernstein, para entender mejor por qué es posible que esta ex primera Dama pague ahora unas viejas facturas.

En la búsqueda de algo novedosos que contar, Bernstein tuvo acceso a dos tesoros escondidos: a Betsey Wright, una fiel colaboradora de Hillary famosa por haber neutralizado los efectos de las «erupciones de esos bombones», como los que circularon por la Casa Blanca, pues esta mujer estaba cerca de las oficinas del señor Presidente sólo para ser testigo de sus incursiones con las ninfas.

El segundo, está relacionado con Diana Blair, otra amiga fiel de Hillary, especialista en ciencias políticas, que planeó escribir un libro sobre la campaña de 1992 pero que un cáncer de pulmón le impidió hacerlo, aunque ahora Bernstein tuvo acceso a parte de ese material, pleno de anécdotas, para volver a trazar un retrato primigenio de la Hillary, cuando se perfilaba como primera dama, quien fue creadora de un «equipo defensivo», para repeler los ataques sobre la vida sexual de su marido, de la quema de su cartilla para evitar Vietnam y de la vulnerabilidad de la propia Hillary con las dos firmas de abogados en Arizona, sus conexiones empresariales y un pasado relativamente radical.

Ahora, las mayorías silenciosas parece que se están cobrando que haya renunciado a sus valores negando el divorcio inminente después de Mónica Lewinsky, sólo por llevar a cabo esta estrategia para satisfacer su ambición política, acusando de ser blanco de una guerrilla de la extrema derecha en contra del presidente Clinton.

Su actitud ambigua respecto a su aprobación en 2002 de la invasión a Irak, con el pretexto que tenía armas de destrucción masiva más bien dudosas, que ahora dice no había leído en detalle el documento y luego, su ambigüedad relativa al tema de la migración, que no le ayudará ahora que vaya a Nevada, donde los hispanos dominan los sindicatos y, para colmo, el comentario público que hizo Bill su marido, cuando vio por primera vez a Obama y exclamó: «¡Él es el bueno!» (He’s the real thing), que no le ha ayudado mucho que digamos a la senadora Hillary.

Con el agua al cuello, vamos a ver cómo reacciona después de su modesto triunfo en New Hampshire. (El Informador, jueves 10 de enero, 2008).