jueves, 5 de junio de 2008

Discovery hoy

El Informador, jueves 5 de junio, 2008.

Sólo los que eran niños de pecho o no habían nacido, no recuerdan la emoción que sentimos el 20 de julio de 1969 cuando vimos por TV, en tiempo real, cómo alunizaba el Apolo 11 y Neil A. Armstrong se bajaba por la escalerita, en la primera misión tripulada que llegaría al sur del Mar de la Tranquilidad allá en la Luna, con la transmisión que hicieron desde el observatorio de Parkes, utilizando la señal de la estación Honeysuckle Creek, cerca de Canberra en Australia.

Para el 24 de julio, los tres astronautas estaban de regreso en la Tierra, habían amerizando en las aguas del Pacífico y daban por concluida esa misión con un éxito que lo hace inolvidable.

Ahora, el terrorismo, la guerra contra el narcotráfico, la amenaza de la inflación, la APPO —otra vez— destruyendo Oaxaca sin que alguien pueda hacer algo, ha destruido nuestra capacidad de sorpresa y han hecho moronga la capacidad emocional por cosas como esas que afloraban en aquellas ocasiones cuando podíamos comprobar la obra de arte es el hombre! —capaz de construir esas maravillas—, lo noble de su razón y sus infinitos dones, lo expresivo y maravilloso que es su movimiento; sus acciones, casi angelicales y su inteligencia, semejante a la de un dios. Sí, él es la gloria del mundo y el modelo del reino animal, como decía Hamlet.

Hace días lanzaron desde Caño Cañaveral el transbordador espacial Discovery con siete astronautas incluyendo a una mujer, Karen Nyberg, para cumplir con una misión de catorce días y, nosotros, nos quedamos como si nada mientras que el comandante Mark Kelly dirige la misión para que Greg Chamitoff sustituya al estadounidense Garret Reisman en la Estación Espacial Internacional (EEI) que este hombre llevaba tres meses en el espacio y por fin regresa a su casa para desayunarse un par de huevos fritos con su tocino, que le sabrá a gloria después de haber comido espumas, con sabor a lo que usted quiera y de haber masticado pastillas con concentrados de vitaminas, minerales y vaya usted a saber qué más de productos sintéticos.

Ya sacaron de la nave la segunda parte del laboratorio espacial japonés Kibo (Esperanza) —la primera parte se instaló en marzo con la misión del transbordador Atlantis— para que el austronauta Akihiko Hoshidelo lo hay instalado ayudado por el brazo robótico en la estructura de este complejo de 15 toneladas que estará en órbita hasta el 2010.

El laboratorio japonés tiene de 10 metros de largo y ha costado mil millones de dólares. Tiene 23 plataformas para investigaciones médicas espaciales, biología, observaciones a la Tierra, producción de materiales, biotecnología y comunicaciones.

Las actividades extra vehiculares, así como el paseo por el espacio, como el que harán Michael Fossum y Ron Garan a quien le dijo el primero «disfruta la vista, pero no voltees abajo», para regresar a casa, antes que inicie el verano, excepto Chamitoff que se queda en medio de la negrura espacial.