El ángel de la consideración

El Informador, jueves 12 de junio, 2008.

Lograr vivir mejor es parte de la visión del Ejecutivo y para lograrlo tiene como objetivos lograr mantener una solidez económica, que haya mayor seguridad en las calles y una mayor transparencia en el manejo de los recursos, que se logre una igualdad de oportunidades y que podamos vivir en un medio ambiente limpio.

Esto fue parte del discurso a sus funcionarios que les dio la semana pasada donde fue claro y propositivo: les pidió hacer a un lado el egoísmo y que «consideraran» a quienes sirven, es decir, que se pusieran en el lugar de los otros y, haciéndolo, poder servirlos mejor.

Este discurso lo asocié con algunas de las lecciones que están detrás de Enrique V de Shakespeare (1599) y que ha servido como plataforma para el taller sobre «Liderazgo que inspira y motiva», que imparto en el ITAM en la ciudad de México, después de haber estado con Richard Olivier en West Sussex, Inglaterra y de haber conocido la estructura de los cursos que ofrece para lideres para tropicalizarlos y ofrecerlos en México en este encuentro de dos culturas: el teatro de Shakespare y los negocios.

Enrique V empieza evaluando el pasado —cosa que niega Felipe Calderón— y por eso se confirman los cambios definitivos de aquel frívolo príncipe Hal que se la pasaba en la taberna con Sir John Falstaff y sus amigotes, para transformarse en rey desde el mismo día que expiró su padre, cuando «se le apareció el ángel de la consideración, como si hubiese descendido para expulsar de su alma el pecado de Adán, dejando a su cuerpo como un paraíso reservado para los espíritus celestiales». Sí, después de esa epifanía, cambió por completo, como sucede de repente en nuestra vida, acompañada del cambio.

Por eso Calderón cuando habla de «considerar», lo hizo en el sentido de «pensar y ponerse en el lugar de los otros», indispensable para que haya un cambio y una transformación: «yo quiero pedirles —dijo Calderón— que al tomar decisiones se pongan en los zapatos de la gente… imagínense al que está del otro lado del mostrador; pónganse en su realidad…» Ojala los funcionarios lo entiendan, les caiga el veinte y con ese cambio de actitud, empiece un cambio sustantivo en sus personas y que sea de beneficio para la sociedad.

Calderón expresó su misión desde el primer día de su gobierno: lograr una mayor seguridad en las calles y para eso tuvo que declarar una guerra frontal —como nunca antes se había visto— al crimen organizado y al narcotráfico, donde está intentando ver si puede como Hércules, acabar con la hidra de Lerna y logra cortarle las mil cabezas a ese monstruo en lo que parece una misión imposible, pues cada vez que corta una vuelve a nacer otra, hasta que a Hércules se le ocurrió quemar un bosque y, con los tizones, sellar las heridas imposibilitando que se reprodujeran. Tal vez, habría que considerar esta estrategia herculeana.