jueves, 5 de junio de 2008

Francesca da Rimini, el poema sinfónico

El Financiero, lunes 9 de junio, 2008.

Temporada de la Orquesta Sinfónica de Minería, 2008

Francesca, la hija de Guido da Polenta, gobernador de Ravena, se casa con Giovanni Malatesta da Rímini —Malatesta en verdad— en el año de 1275, en lo que fue un matrimonio arreglado. La joven Francesca se acostumbró a leer historias —a media voz— con Paolo, el hermano menor de Giovanni y, un día, cuando estaban leyendo el Galeoto —la historia de amor entre Lancelot y la reina Ginebra—, los jóvenes lectores provocados por el amor, sufrieron de una caída al vacío y, de golpe y porrazo, llegaron hasta el segundo círculo del Infierno.

Como sabemos, Dante estaba perdido en la selva oscura y no encontraba la salida, hasta que apareció Virgilio —de parte de Beatriz— para que le mostrara los reinos eternos. Por eso, viajó por esos círculos guiado por el poeta de Piétole —que luego Tchaikovsky interpreta, en un poema sinfónico con las cuerdas enloquecidas, girando y dando de vueltas entre las llamas. Cuando Dante llega al segundo círculo, ahí «donde el dolor arranca unos desgarradores quejidos», desfallece cuando ve a los dos amantes caminando juntos, más ligeros que el viento y le pregunta a Francesca:

— ¿Cómo es que permitieron que el Amor se metiera entre ustedes y les diera a conocer sus turbios deseos?

— No hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz cuando está uno en la miseria —le contesta Francesca—, bien lo sabe tu maestro. Pero, si tienes tanto deseos de conocer la primera raíz de nuestro amor, te lo diré mezclando la palabra y el llanto: leíamos un día, por gusto, cómo fue que el amor hirió al caballero Lancelot. Estábamos solos y sin cuidados. Nos miramos muchas veces durante aquella lectura y nuestro rostro palideció; pero fuimos vencidos en un pasaje. Cuando leímos que la deseada sonrisa fue interrumpida por el beso del amante, éste, que ya nunca se apartará de mí, me besó temblando en la boca... Aquel día ya no seguimos leyendo.

Y con esta narración, la melodía vuelve a girar, como si buscara una salida, mientras el dolor se repite en otros círculos musicales o llega el silencio —piannisimo— que intenta desahogar la pena hasta que el ritmo del poema musical se apacigua, como si los amantes soñaran, antes de morir en manos de Giovanni Malatesta, el amor que se había despertado en ellos.

Esta será una de las obras con las que la Orquesta Sinfónica de Minería inaugurará el sábado 27 de junio la Temporada 2008 interpretando varias obras de Peter Ilyich Tchaikovsky (1840-1893) durante los diez conciertos que ofrecen este verano en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural de la UNAM.

El primero de los conciertos estará bajo la batuta de Carlos Miguel Prieto, director artístico, quien comparte la temporada con José Areán, director adjunto. La Academia de Música de Minería está presidida por Carlos de la Mora Navarrete quien es responsable, también, de celebrar el XXX aniversario desde que Javier Jiménez Espriú, en 1978, era el director de la Facultad de Ingeniería y decidió retomar el legado musical de Minería desde el siglo XVIII; por eso creó la actual Academia y la Orquesta para fomentar la cultura musical entre los universitarios y la sociedad en general que, cada año, durante el verano y tiempo de aguas, nos ofrece su temporada de música clásica.

El sábado 27 de junio se inaugura con esta versión musical, entre otras obras, de esa historia que todavía nos conmueve. Es el poema sinfónico Francesca da Rimini, víctima del amor, como lo narra Dante en La Divina Comedia —Canto V del Infierno (108-142)—, después de hablar con ella en el segundo círculo del infierno y que Tchaikovsky la transforma en música.

Nos podemos imaginar perfecto, si leemos la historia, cómo es que logró hacer esta transformación pues era un compositor ruso de un lirismo desbordante y cuando leyó este texto medieval, lo convierte en un poema sinfónico. Tchaikovsky era un niño dotado: a los cuatro años leía perfecto francés e italiano por eso pudo leer este canto y sufrir como Dante que, por piedad —como lo narra— sintió un tal desfallecimiento antes de entrar al tercer círculo, ese de la lluvia eterna, maldita, fría y densa, pertinaz y constante, que nunca cambia. Sí —pensamos—, habrá lluvia cuando salgamos del concierto cuando inauguren la temporada: es tiempo de aguas, sí, pero ¿no será el tercer círculo infernal?

Tchaikovsky, ocultaba su homosexualidad y, por eso, sufría de una crisis nerviosa constante, lloraba a la menor provocación y con todo ese bagaje, convirtió esa historia en un poema sinfónico que la OSM interpretará para que nos conmovamos y temblemos si es que nos dejemos llevar por la historia y su música que está entre los límites de lo permisible.