Gobernar para todos

El Informador, jueves 26 de junio, 2008.

Recuerdo aquel día de febrero o marzo de 1995 cuando se llevó a cabo la primera reunión de empresarios tapatíos invitados por Alberto Cárdenas Jiménez, el primer gobernador panista de Jalisco. La reunión fue en los Pinos con Ernesto Zedillo Ponce de León, entonces Presidente de la República y causante de una de las crisis financieras más graves de ese siglo.

Antes del saludo formal, lo primero que le dijo al Gobernador de manera contundente es que no se olvidara «señor Gobernador, que ahora gobernamos para todos; ya no estamos en campaña». Luego le preguntó a Sandra López Benavides, dueña de Calzado Canadá, que cómo andaba y, hasta eso, con buen sentido del humor, le contestó: «por los suelos, señor Presidente», con lo que se rompió el hielo cuando la tapatía le había contestado literalmente con un doble sentido. Para marzo del 2002, la fábrica que había fundado su padre Salvador López Rocha (1915-1976), había adquirida por Coppel. En nuestros días México sigue produciendo 240 millones de pares de zapatos anuales, pero, el emblema de la industria jalisciense como lo fue durante varios decenios se desvaneció después de la crisis del 12/94.

Cada uno de los invitados, los «pocos afortunados» o «happy few», como les llamó Enrique V a su ejército diezmado antes de la batalla de Agincourt, se fueron presentando para escuchar el discurso del Presidente, quien, para esas fechas, no tenía mucho que decir, pues la crisis había hundido a varias empresas y millones de ciudadanos. Todavía es fecha que no se olvida el daño que resultó para el bolsillo.

A pesar de eso, puso el dedo político en la llaga, con eso que es una obligación democrática la de gobernar para todos. Y esta idea regresa ahora cuando veo cómo nuestra incipiente democracia, pueblerina y de corto alcance, no entiende este principio básico sin importar que sean del PAN, PRI o PRD, como somos testigos en la ciudad de México desde hace dos sexenios en donde se nota el beneficio —y la chequera— que llega primero a aquellos que, de alguna manera, son del partido o prometen apoyarlo y, luego, con esfuerzo, y si pueden, con algunas piedritas en el camino, al resto de los gobernados.

Lo mismo pasa con el gabinete panista y con algunos gobernadores, donde, como niños chiquitos, se arrebatan los privilegios, se pelan unos con otros por los celos que se producen cuando se está en el poder y por eso, los planes de Los Pinos se ven obstaculizados, pues cada quien quiere ser el padrino.

El deseo de mejorar por decreto pasa por un tortuoso engranaje burocrático, transparente e ineficiente donde cada quien parece seguir o estar en campaña —todos menos Creel—, cuando ahora se trata de gobernar para todos y no para la parroquia —como Ramirez Acuña en Jalisco, que reparte a esos consentidos, tratando de limpiar sus culpas con agua bendita— sin considerar ese principio como es el de gobernar para todos.