miércoles, 11 de junio de 2008

Irina Palm, la diosa del «Mundo Sexy»

El Financiero, lunes 16 de junio, 2008.

Una dama sin pudor o cómo se ilumina una comedia oscura.

Irina Palm debió de haberse ganado la «palma de oro» en el Festival de Berlín y no sólo la merecida ovación que le ofrecieron a la actriz principal del film con el mismo título, a Marienne Faithfull (1946-) que causó un cierto furor. En español la tradujeron como Una dama sin pudor y resulta ser una película sorprendente, basada en un guión y una estructura sencilla, donde la actuación resulta bastante elemental con pocos diálogos, pero que con esos elementos, el director y guionista, Sam Garbarski (1948-), logró iluminar una comedia oscura, una comedia, digamos, con clase, como dicen por ahí, al estilo de las que hacen los hermanos Coen, como fue Fargo (1996), la película con Frances McDormand (1957-) —esposa de uno de los hermanos Coen— en el papel de Marge Gunderson, la policía embarazada que captura a un violento asesino, mientras su marido, desempleado, pesca y concursa pintando acuarelas de patos volando, para la impresión en los timbres locales.

A la sencillez del guión y de la actuación, hay que añadirle otro ingrediente, con el que le dieron más sabor al caldo de esta obra, que tiene que ver con los mitos de la antigüedad para que con ellos pudieran levantar —digamos— este modesto edificio.

Por ahí, observamos a Gea, la Gran Madre, la protectora de sus hijos, una matrona de pocas palabras que demuestra su amor con hechos, que es confiable, ayudadora y afectiva y que, en esta película, actuada por Marienne Faithfull es, como su nombre lo indica, «fiel», aunque no teníamos el gusto de conocerla.

Esta viuda llega a conocer a Miki, el Zeus del bajo mundo, actuado por el serbio Miki Manjolovic (1950-) como dueño y señor del «Mundo Sexy», un escenario laberíntico y oscuro, con luces rojas como anunciaban los burdeles en Guadalajara o como el infierno, donde se lleva a cabo la trama y donde pasean, como si nada, unas bellas y blancas inglesas despechugadas que sirven tragos o le menean las petacas de cerca a sus clientes.

Por eso, entre la sencillez de la trama y el fundamento de los mitos, le seguimos los pasos a esta mujer que decide —como la abuela Gea— proteger la vida de su nieto. Necesita conseguir £6 mil libras esterlinas ($120 mil pesos) en menos de seis semanas para salvarle su vida, sabiendo que sus padres no pueden hacerlo.

No tiene edad, ni conocimientos, ni especialidad alguna para conseguir, lo que sería un trabajo «digno», como suponen sus amigas —celosas—, viudas y moscas negras que pululan con su té de las cinco de la tarde, en un pueblo cerca de Londres, menospreciando a nuestra Irina Palm, ninguneándola, como si no fuera capaz de nada. Pero que ni saben.

Del fondo de sus raíces, surge la Gran Madre, la matrona para ser entrenada en un oficio como hetaira y a las primeras de cambio, aprende a satisfacer a los hombres que acuden al «Mundo Sexy», como buena Aspasia en la época de Pericles, tal como lo sabemos por la obra de Taylor Cadwell.

Por eso, a Irina Palm, la asociamos con las hetairas del siglo XXI. Más callada que el resto de las mujeres, acepta, sin decir agua va, trabajar en el bajo mundo de las tiendas londinenses de sexo, cuyo dueño es el Zeus de ese universo: Miki el griego, quien le ofrece pagarle hasta 800 libras a la semana (unos $ 16 mil pesos), si trabaja en el departamento de masturbación, en un trabajo que debe hacer detrás de una delgada pared —y aquí está el recuerdo de las comedias de los Coen— donde termina instalándose en lo que es una verdadera pocilga. Como buena mujer, no deja de adornar su espacio y trae de su casa un pequeño paisaje, su mandil, como buena ama de casa y un termo para su té, mientras sus clientes, del otro lado de la pared, colocan su instrumento en un boquete hecho a propósito, mientras la estrella, desconocida por sus clientes pero anunciada como «Irina Palm», hace su tarea, uno tras otro, resultando un éxito y atrayendo más clientes que nadie, pues tiene una «palma suave» y sabe del ritmo en este extraño oficio por puro instinto como buena hetaira. Es la más exitosa en sus labores manuales.

Pronto se convierte en la estrella del «Mundo Sexy», comprobada la calidad de sus oficios por el mismo Zeus que, en poco tiempo logra su confianza para que le adelante las £6 mil libras que necesitaba para que su nieto libre la vida. Y nosotros, entra la espada de su protección y la pared de su oficio, vemos cómo hace su trabajo, sin pudor alguno, con éxito hasta que, de pronto, su vida tiene significado, aunque padece del equivalente «tenis elbow» que, en este oficio, se llama «penetitis».

Gea, la Tierra o Irina, la diosa de ese mundo, trabaja sin pudor y sin pena ni gloria conquista a Zeus, salva la vida de su nieto y la suya propia en esta comedia oscura que se ilumina con su presencia, en contra de todos los perjuicios, hasta encontrar la amistad, el amor y una razón de vivir.