miércoles, 16 de julio de 2008

El desempleo desafortunado

El Informador, martes 15 de julio, 2008.

Tratando de contestar cómo es que el bienestar de los seres humanos afecta a la economía y a las instituciones, en otra ocasión les comenté que Bruno S. Frey y Alois Stutzer lo discuten en su libro Happiness & Economics cuáles son los efectos del desempleo dentro del concepto de felicidad y dicen —aunque no inventan la rueda— que «la mayoría de los economistas ven al desempleo como un suceso desafortunado que debe ser evitado».

Quedarse desempleado —dicen—es costoso, sobre todo si es involuntario. Por eso el gobierno es el que debe intervenir para aumentar la demanda agregada de bienes y servicios —según lo proponía John M. Keynes, un economista que ahora está medio desacreditado, pero que dominó el escenario de los 50’s.

Desde la perspectiva de la felicidad, los economistas se preguntan: ¿cuáles son los niveles de felicidad de una persona desempleada?, ¿cómo afecta el desempleo en una economía?, ¿qué es lo que hace que un trabajo sea satisfactorio o placentero? y, finalmente, ¿qué tanta felicidad se obtiene durante el tiempo dedicado al ocio?

Las cifras del empleo del primer semestre en México son para preocuparse, tal como lo comentó el Secretario del Trabajo la semana pasada: el número de empleos fijos —según el IMSS—, en el primer semestre del año fue de 290 mil, comparados con 442 mil en el 2007 y de 521 mil en el 2006. Es decir, hemos generado sólo el 55% de los empleos que se generaron hace un par de años y, si queremos, debemos o intentamos crecer, el empleo es una de sus principales variables.

Las inversiones extranjeras han llegado: Ford y su inversión de 3 mil millones de dólares, la mayor en la historia del sector manufacturero; la otra a ese nivel es el de la alemana Q-Cells en Mexicali con 3.5 mil millones de dólares en cinco años, donde van a crear 5 mil empleos directos y 13 mil indirectos. Con todo y esto, por los resultados, del primer semestre, el gabinete económico debe de haber prendido el foco rojo.

Quedarse desempleado, dicen Frey y Stutzer, equivale a una pérdida de la felicidad de 0,33 unidades en la escala de 0 a 1. Como buenos economistas, lo mieden todo con números —ese es su oficio—, pero nosotros podemos hacer otro ejercicio, más subjetivo, para trata de imaginar cómo disminuye la autoestima y aumentan los riesgos —por evasión de la realidad—, con el alcohol o las drogas, generando así, en lo familiar y en lo social, un caos y sus efectos negativos que producen una reacción en cadena que termina en tragedia o se van al «otro lado», arriesgando la vida.

Sin embargo, tener empleo y que sea satisfactorio, produce otro círculo, ahora virtuoso, que incrementa el bienestar familiar, la autoestima y la integración social confirmando así una razón más para vivir. Nada nuevo bajo el sol, excepto la manera de ver de estos economistas a través de los lentes de la felicidad.