Historias paralelas

El Informador, jueves 17 de julio, 2008.

«Una clase o un partido no se elimina sino cuando ya se ha eliminado a sí mismo» —escribió Indro Montanelli en su Historia de Roma donde he encontrado muchas analogías entre esa Roma del II siglo a.C. y nuestra realidad. Por eso me he permitido reproducir este fragmento de esa historia para que usted juzgue si tengo o no razón cuando vemos que sucede todo esto en nuestros días en el PAN, PRI o PRD.

«Todo, entonces —escribió Montanelli—, no era más que cuestión de dinero. Comprar la elección a un cargo era una operación normal y había toda una industria para procurar votos con los técnicos especializados: los intérpretes, los divisores y los embargadores.

»En la época de Lucio Cornelio Sila (138-78 a.C.), para que Pompeyo consiguiera la elección de su amigo Afranio, invitó a su palacio a los jefes de tribu y contrató sus sufragios como si estuviese comprando sacos de manzanas.

»En los tribunales ocurrían cosas peores: Léntelo Sura, absuelto por los jueces por dos votos de mayoría, dijo, dándose una palmada en la frente: «Qué mala suerte... he comprado un voto de más y ¡lo que me costó...!»

»Todo dependía del dinero y éste se había convertido en la preocupación de todos. En la burocracia había algunos, funcionarios competentes y honrados, pero la mayoría eran unos ladrones incompetentes que, por ejercer un cargo en provincia, no sólo renunciaban a los honorarios, sino que los pagaban, seguros de que en un año se resarcirían sobradamente.

»Lo hacían con impuestos, rapiña y la venta de los habitantes de sus provincias como esclavos en el mercado internacional de Delos. Cuando le fue asignada España a César, debía algo así como unas quinientas millones de liras. En un año lo devolvió todo. Cicerón se ganó el título de «Hombre de bien» porque en su año de gobierno en Cilicia, puso a su lado sólo setenta millones de liras y, en sus cartas, lo pregonó a todos como un buen ejemplo.

»Los militares se comportaban mejor. De sus empresas en Oriente, Lúculo volvió a su casa millonario. Pompeyo trajo, de las mismas regiones, un botín de seis o siete mil millones par alas arcas del tesoro del Estado y quince para las de su casa en particular. Era tal la facilidad de multiplicar el capital cuando no se tenía el suficiente para comprar un cargo, los banqueros se los prestaban con un 50% de interés, aunque el Senado prohibía este tipo de usura. Se evitaban esta prohibición con algunos presta-nombres, como lo hacían algunos hombres de gran dignidad, como era Bruto asociado con unos usureros que administraban su dinero, prestándolo en esas condiciones.

»En manos de una clase dirigente corrupta, Roma aspiraba lo que ingresaba a su imperio para mantener la vida fastuosa e insolente de un grupo de sátrapas que pululaban por todo el imperio».

¿No encuentra usted paralelismos entre aquellos y los Montiel, Creel o Cota’s de nuestros días entre tantos otros miles de más?