Primero una frontera segura

El Informador, martes 8 de julio, 2008.

La palabra «considerar» viene de considerare que quiere decir examinar atentamente, reflexionar una cosa con atención y también implica pensar y ponerse en el lugar del otro, y si somos capaces de hacerlo, podremos entender mejor las cosas y las acciones propias y ajenas.

Tal vez, si nos ponemos en el lugar de los norteamericanos —sin que necesariamente estemos de acuerdo— comprenderíamos mejor la actitud de John McCain como la que tuvo ahora en su visita a México, cuando pone —conociendo a sus gentes— primero el poder tener una frontera segura: «antes de avanzar —dijo— en una reforma migratoria, será necesario garantizar una frontera más segura entre México y Estados Unidos, mediante muros, cercas virtuales y alta tecnología».

México es un país que de paso para los indocumentados de Centroamérica rumbo a los Estados Unidos; es la entrada, como la recién descubierta, de esa red de cubanos y de otros miles de centroamericanos que intentan pasar al otro lado, cruzando tierra mexicana.

Pero si nos ponemos en su el lugar, ¿cómo reaccionaríamos si entraran a nuestro país para quedarse, con empleos informales o en el campo o en las ciudades, sin saber siquiera de qué clase de gente se trata? Nadie quisiera imaginar a que su casa llegue cualquiera —en cantidades notorias— y se instale haciendo lo que pueda, contratado por quien fuera, sin saber quién es.

Mucho menos si un día fuimos atacados por unos terroristas —a los que, paradójicamente, sí les dieron visa para vivir y estudiar como piloto en ese país— pero después del 11/09, si consideramos lo que se siente cuando nos han asaltado por sorpresa, generalmente, es razonable pensar que nos de una paranoia y que pensemos que los que vemos tienen cara de estarnos espiando para asaltarnos. Con este ejercicio mental podemos entender que los estadounidenses quieren tener primero su frontera segura para estar dispuestos a elaborar una nueva reforma migratoria, establecida sobre unas bases más modernas y humanitarias, para una migración justa y legalizada.

El fenómeno de la inmigración ilegal es un problema mundial: en la Unión Europea, los espaldas mojadas vienen de África que geográficamente a España les queda a tiro de piedra por el Estrecho de Gilbraltar, pues parado en Algeciras puede uno ver Ceuta, el inicio del continente negro por eso España sufre de este problema y Francia, que había sido más tolerante, ahora no sabe qué hacer con ese tema que calienta a los partidos y al ejercicio de la política. En Norteamérica no saben qué hacer para evitar la inmigración ilegal, ni qué hacer con los que viven de esa manera en el país.

Creo que «considerar» es lo primero que tenemos que hacer para poder entender esa política y hacer algo al respecto: mejorar la educación, aumentar el empleo y las inversiones que la acompañan, mejorar la infraestructura y así, poco a poco, iríamos cerrando naturalmente un tema que ha sido álgido entre las naciones desarrolladas y las que están en desarrollo.