martes, 22 de julio de 2008

Yo (también) acuso

El Informador, martes 22 de julio, 2008.

Tal como lo hizo Emilio Zola en 1898 a favor del capitán Dreyfus en una carta abierta dirigida al presidente de Francia, M. Félix Faure que fue publicada en L’Aurore, ahora yo (también) acuso al Gobernador del Estado de México por despreciar una obra de arte como las Torres de Satélite y faltarle al respeto a la población que circula por esos rumbos, a los que no les permitirá más disfrutarlas con el paso del segundo piso. También acuso al INBA, por no poder hacer una declaratoria provisional de las Torres como Monumento Nacional, con lo que se impediría la obstrucción de las Torres, todo por ahorrarse unos millones de pesos, pues no hay (mayor) problema para deprimir esa sección del segundo piso para demostrar así su respeto a la sociedad para que disfrute del arte público monumental como bien se lo merece.

Pero no van a respetar la pureza de esa perspectiva y sólo van a seguir oscureciendo el entorno urbano que cada vez se parece más a la ciudad Gótica del «Caballero de la noche».

No se dan cuenta que si respetaran la visibilidad de esa obra de arte, ganarían puntos. La gente reconocería su escala de valores y el respeto que le tendrían a las obras de arte —una actitud heroica por estas latitudes— y el derecho que tenemos de disfrutar de una escultura representativa del arte moderno mexicano.

Técnicamente, aunque no sin dificultades, se puede deprimir —como le dicen a los pasos subterráneos— en esa sección del segundo piso. De no hacerlo, prohibirían la visibilidad y el encanto de estas esculturas que son parte del acervo de la arquitectura emocional, diseñada por el único Premio Pritzker mexicano, el arquitecto Luis Barragán, en colaboración con Mathias Goeritz y que resulta ser una obra símbolo para lo que fue el proyecto de Mario Pani, cuando en 1957 ejemplificó la modernidad urbana con la primera ciudad satélite al Distrito Federal.

La política irreverente de un Gobernador, prohibirá a la gente que disfrute de una obra arte, así como la desidia del INBA, demuestran su actitud irreverente y poco civilizada, así como, la ausencia de una visión que les permita evaluar lo que ganarían si, en lugar de evitar que se disfrute esta obra de arte, defendieran su valor y el propósito original y, de pasada, limpiaran el espacio de las cochinadas visuales que dañan a la obra hoy en día, para que la gente lo disfrute como originalmente fue planeado, en lugar de inhibir y evitar que se produzca esa emoción estética por unos cuantos segundos, mientras se pasa por ese rumbo.

Si los deseos y los suspiros del alma que se producen cuando vemos las torres esbeltas y delicadas, valieran un peso por cada esperanza que nos ofrece, pronto se pagaría la diferencia para poder seguir disfrutando de esa obra que expresa emociones que trascienden a aquellos que las desprecian a la poesía en la vida y al instante fugaz, pero esperanzador como el que poduce esta obra de arte.