La otra reina y la lujuria de Enrique VIII

Las dos jóvenes Bolena atrapadas en la corte
El Financiero, lunes 18 de agosto, 2008.

Ana Bolena nació en 1500 en Blickling Hall en Norfolk, en una de la propiedades de su familia. Era la hermana mayor seguida por su hermano George y la pequeña María. Su padre era Tomás Bolena, vizconde de Rochford y primer conde de Wiltshire (este papel lo hace Mark Rylance, actor de la Royal Shakespeare Company que hizo el papel de Enrique V cuando Richard Olivier la dirigió en la inauguración de El Globo en 1997); la madre de Ana es Isabel Howard, hija del segundo duque de Norfolk (con Christin Scott Thomas en la pantalla).

La otra reina o The Other Boleyn Girl está dirigida por Justin Chadwick (1968-) y es una película recién hecha y recién puesta en cartelera, basada en la novela histórica de Philippa Gregory (1954-), con el guión de Peter Morgan (1963-), donde nos cuentan los romances —por decirlo de una manera elegante— del lujurioso Enrique VIII (Eric Bana), demasiado bien parecido a como nos imaginábamos a este personaje obsesionado por tener un hijo hombre como sucesor, sin que le interese más, sexualmente hablando, la reina, Catalina de Aragón con la que ya había tenido una hija, María I de Inglaterra o María I (1516-1558), reina de Inglaterra e Irlanda por cinco años, desde 1553 hasta su muerte, mejor conocida como Bloody Mary, por haber intentado acabar con todos los protestantes que se encontraba en su camino.

Las dos Bolena, María (con la sensual Scarlett Johansson), que recién estaba casada con uno de los Percy de Northumberland y Ana la mayor (con la morena Natalie Portman), son empujada por su padre y el tío Howard para ir a la corte para ser escogidas por el rey, la primera sospresivamente para hacerla su amante y tener una relación que trasciende por la ternura y naturalidad con la que hacen el amor, aunque no puede librar la batalla con Ana su hermana, por la ambición y la envidia que le tiene.

Durante el embarazo de María, el rey se deja envolver por las redes de una Ana recién llegada de la corte de Francia que hábilmente pospone entregarse sexualmente, hasta que el rey formalice su relación, desatando con su habilidad política y cortesana, la separación del reino con el Papa de Roma, creando la Iglesia Anglicana y, de pasada, acabando con el buen sabor de cama, por el que tanto suspiraba el rey.

La historia de la relación entre estas dos Bolena suceden en el siglo XVI y forman la columna vertebral de esta película en donde sufrimos de los avatares de la historia y de la lujuria de un rey que no logró controlar sus instintos—como tampoco lo pudo hacer en Washington el presidente Bill Clinton— y desbocado, llega a tener un récord de seis esposas en busca de un heredero, como fue Eduardo, el hijo con Jane Seymour, un joven que vivió sólo 16 años y quien, a la muerte de su padre, fue coronado rey, rodeado de regentes, para reinar como Eduardo VI, hasta 1553 cuando lo sucede María I.

Ana Bolena fue la dama de compañía de la hermana de Enrique VIII —casada con Luis XII de Francia— y luego, de la reina Claudia, la esposa de Francisco I. Cuando regresa a Inglaterra, cautiva al monarca, repudia a Catalina de Aragón, y logra asumir el poder y convertirse en «la otra reina», como le decían.

Ana era una dama joven y fresca, que corría e iba a cantar y bailar de manera excelente —decía William Forrest que tenía unos ojos hermosos y una gracia que la hacían única: tenía la facilidad de tocar instrumentos, bailaba muy bien y declamaba, por lo que era una mujer atractiva, a pesar de tener una deformidad: un sexto dedo en una de las manos, pero hasta eso le sacó jugo: usaba vestidos con las mangas largas para disimular su defecto físico que manejaba con tal gracia y naturalidad de tal manera que, el defecto, pasaba desapercibido.

En 1533, sin invitados, ni aviso alguno, Enrique VIII se casó con Ana y una bruja le vaticinó que tendría «al más grande monarca inglés». El arzobispo de Canterbury vaticinó que «toda la dicha, toda la felicidad que el cielo guarda para los padres ... van a encontrar en cada día de esta pequeña princesa... la verdad la educará en su regazo; los santos y celestiales pensamientos alimentarán a su alma; los suyos la bendecirán y sus enemigos temblarán como las espigas trilladas inclinan su cabeza taciturna». Se trataba de Isabel I.

Ana perdió el favor del rey y Cromwell logró deshacerse de ella. El 2 de mayo de 1536 fue conducida a la Torre de Londres culpable de adulterio, incesto, herejía y traición entre otras cosas, el rey no volvió la volvió a escuchar y a su hija Isabel, la nombró «hija bastarda».

Reina altiva y con dignidad, fue ejecutada con el cabello levantado, sin que pudiera recargar la cabeza, decapitada por la espada de un verdugo francés traído especialmente de Calais, quien le dio muerte el 19 de mayo de 1536. Fue sepultada en San-Pedro-ad-Vincula en la Torre de Londres.

El film de Chadwick es fiel a estas historias con un magnífico vestuario y un reparto de primera.