La rivalidad

El Informador, martes 19 de agosto, 2008.

Es increíble cómo Marcelo Ebrard maneja las cosas que tienen que ver con la seguridad, dentro de su cuadro neo-esquizofrénico y su pequeño trono en el Distrito Federal, impulsado por un patético protagonismo que se niega a trabajar con el equipo del Presidente ahora para enfrentar un problema que requiere de la unión entre los diversos actores políticos y geográficos.

Pero su necedad para vivir en un mundo separado de la realidad, en su mundo imaginario, en su territorio llamado «Pejelandia», amachado en desconocer la autoridad federal, en lugar de aceptar la realidad y hacer un frente común por una causa desesperadamente urgente y complicada, sigue pensando en su estrategia para el 2012, sin saber que está cavando su tumba cada vez más profunda, pues la gente ve cómo pelotea —con gesto irónico— sus responsabilidades concernientes a la seguridad en la Ciudad de México que debe conocer a fondo —para bien o para mal—, desde los años 90’s cuando trabajaba para Manuel Camacho Solís.

En la obra de Troilo y Crésida, Shakespeare plantea con claridad los problemas que se dan cuando no se respeta la estructura de la autoridad y, por eso, desesperado cuenta cómo el campamento de los griegos era un desbarajuste. El paralelismo es válido: Ulises era un buen orador entre los griegos se negaban a respetar a Agamenón, en principio, la máxima autoridad, por el protagonismo de Aquiles, entre los griegos. La corrupción se había permeado en el campamento y Ulises trataba de que cambiaran las cosas y se respetara el mando del aqueo para tomar Troya, saquearla y destruirla y lograr el objetivo que duró diez años alcanzarlo. Sin embargo, el sentido común y la sabiduría política, ese cristal a través del cual podemos ver la corrupción y la decadencia que domina en el escenario, con su discurso se permite pronosticar la derrota del ejército griego si predomina el caos en el campamento argivo. De ahí que señala la importancia de que haya respeto a la estructura del universo —que era el reflejo de las estructuras de gobierno—, tal como lo entendían en la época isabelina: los cielos mismos, los planetas y este centro, observan el grado, lugar y preferencia; frecuencia, curso, ajuste, época, forma, costumbre y oficio ordenados en línea; por eso el mismo sol, el planeta glorioso, va entronando en la esfera con su noble eminencia entre los otros y, su mirada salutífera, corrige el mal aspecto de planetas dañinos, enviando mensajeros sin obstáculo, tal cómo da sus órdenes un rey para los buenos y los malos. (Troilo y Crésida 1.3. 84-93).

Para la ciudadanía, el impulso incontenible de Ebrard movido por su protagonismo y su necedad —aunque sea la cuerda alrededor del cuello—, sigue negando al poder federal oficial y promoviendo sus propias ideas de manera independiente, para promover la rivalidad y, en lugar de buscar la mejor solución dentro de la estructura de poder, divide a las fuerzas públicas que tanto se necesitan unirse.