jueves, 23 de octubre de 2008

La descarada impunidad de Ortega

El Informador, jueves 23 de octubre, 2008.

En junio del año pasado, cuando Carlos F. Chamorro, el conductor del programa de TV Esta Semana en Nicaragua, demostró un caso de corrupción millonaria por parte del gobierno de Daniel Ortega, la respuesta no se hizo esperar: la fiscalía enterró el caso en la impunidad, el empresario que denunció la extorsión fue condenado; el diputado que respaldó la denuncia perdió su escaño y, Chamorro ha sido sometido a una campaña de difamación y es investigado por «lavado de dinero», amenazado de ser condenado a la cárcel.

En julio de este año, docenas de miles de nicaragüenses se manifestaron en las calles de Managua pidiendo la renuncia del presidente Ortega, a quien acusan de haber convertido, a esa frágil e imperfecta democracia, en una dictadura fascista, como la que padecieron los nicaragüenses bajo el régimen de Somoza.

En octubre de este año, el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, denunció a Daniel Ortega por ejercer un gobierno fascista y de haber instalado una dictadura familiar, donde, el poder, está en las manos de la señora Rosario Murillo, la primera dama de ese país gobernando como los nazis; denuncia también que la ley la administra una justicia que se dejó corromper por «los rencores y las envidias del poder», tal como lo declara el poeta.

En el 2007 eligieron a Ortega para ocupar la presidencia, olvidando la catastrófica primera gestión que realizó entre 1985 y 1990, legitimando un pacto mafioso con el ex presidente Arnoldo Alemán, condenado a veinte años de cárcel en el 2003 por haber despilfarrando y tomado $250 millones de dólares de las arcas de Nicaragua, el segundo país más pobre de América Latina después de Haití. Todo parece ser que fue un acto de locura colectivo.

En 1998 Zoilamérica Narváez —hija del primer matrimonio de Rosario Murillo y, por lo tanto, la hijastra de Daniel Ortega —tal como lo relató Mario Vargas Llosa—, acusó a su padrastro de abuso y violación sexual contando la serie de peripecias que vivió que parecen estar tomadas del sádico Marqués. Las acusaciones de esta joven fueron negadas por su madre, el poder tras bambalinas y Coordinadora de los Consejos del Poder Ciudadano que, según Ernesto Cardenal, es quien manda en Nicaragua. Bueno, pues desde entonces, Zoilamérica acusó públicamente a Daniel Ortega de abuso sexual desde que ella tenía solamente 11 años de edad y, amenazada de muerte si decía algo, la mantuvo así durante 20 años de su vida. Con todo, su madre declaró que era una declaración reaccionaria sólo para desprestigiar a su marido y al movimiento Sandinista.

En 1979, cuando Ortega era revolucionario, aprovechaba de su hijastra cada vez que se ausentaba su madre. El relato es escalofriante y revela que Ortega es un enfermo sexual y un solapado político de cinismo patológico.

En pocas palabras: algo sucede en estas frágiles democracias con nuestro «gober-precioso» o el «revolucionario-pedófilo»— impunes, en el poder sin que nadie pueda juzgarlos, mucho menos, condenarlos.