La curiosidad, el principal estímulo para la lectura

La Feria Internacional del Libro 2008
El Financiero, lunes 1 de diciembre, 2008.

Toda esta semana estará abierta la Feria Internacional del Libro en la ciudad de Guadalajara, la más importante feria en todo Iberoamérica, donde usted podrá encontrar lo que se le ocurra. Este fin de semana pasado estuve en la FIL, invitado por la SEP, para platicar sobre la lectura de los libros como los que tienen los estudiantes tanto en su biblioteca de aula como en la escolar. Se me ocurrió que, si para bailar un buen tango, se necesitan dos, para disfrutar de la lectura se necesitan tres:

Lo primero es que haya acceso fácil al libro mismo —no importa si es impreso o digital— y, por eso las bibliotecas de aula están más a la mano que cualquier otra y, en muchos casos, puede ser todo el acervo con el que se cuente en esa región, como me imagino podría ser los libros de una escuela en la sierra Mixteca.

En segundo lugar, hace falta el lector que es el objeto de este análisis y, por último, la tercera pata de esta mesa, se necesita, a esa edad, que haya alguien nos provoque a la lectura, alguien que la motive y que la estimule.

Seguramente, más por viejo que por otra cosa, he descubierto que una buena manera de lograrlo, una vez que conocemos cuáles son sus gustos y su curiosidad sobre aquello que les interesa —con temas que están relacionados al cuerpo o con el alma—, para que los jóvenes se vuelven lectores y satisfagan sus dudas y su curiosidad.

Por eso sugerí que fuesen los maestros o, en todo caso, los padres, los que deben ser unos provocadores de ese estímulo y, si se tiene a la mano sus libros, con los llamados conocimientos útiles o los conocimientos entretenidos —como clasifican los ingleses sus acervos—, entonces, los tres se ponen a bailar de gusto, porque ya encontraron lo que les interesa conocer, no importa el tema que sea.

Supuse que un día, alguno de los alumnos tiene la curiosidad de saber qué es eso de los sueños y si en ese instante el maestro sabe que hay en la biblioteca —como fue adquirido este año en las de aula—, la versión del Sueño de una noche de verano de Shakespeare, publicado por ediciones El Naranjo, podrá leer lo siguiente, a propósito de lo raro que son las visiones en los sueños, como las que tuvo el tejedor de Bottom (Fondo, en español) y ahí podrá leer la historia de ese tejedor —entre otros personajes— que se su cabeza se transforma —como en los sueños—, en una de burro y al verlo sus compañeros huyen en estampida.

Por su parte, Titania la reina de las hadas, es víctima del Oberon, su esposo, quien le ha puesto unas gotas de una flor que él sabe que existe, tal como se lo cuenta a Puck, su asistente, cuando había sido testigo:

¿No te acuerdas —le dice a Puck— esa vez que estaba sentado encima de un promontorio y oí cómo cantaba una sirena sobre el lomo de un delfín, entonando una canción tan dulce y armoniosa que el rudo mar se volvió apacible ante su canto y algunas estrellas se salieron bruscamente de su órbita para escuchar la música de esta virgen marina? ... fue en esa ocasión (tú no lo pudiste ver) que volaba Cupido bien armado, entre la luna frígida y la tierra, y le apuntaba a una hermosa vestal coronada en el occidente, para disparar con su arco la flecha del amor, como si quisiese atravesar cien mil corazones. Pude ver cómo esa flecha incendiaria de Cupido se apagó entre los castos rayos de la aguanosa luna, y cómo prosiguió la imperial sacerdotisa su virginal meditación, libre de antojos. Con todo, me fijé dónde cayó la flecha de Cupido: sobre una flor que ayer era blanca como la leche y hoy es púrpura, como si estuviese herida de amor. Las doncellas le llaman «love-in-idleness» —«amor ocioso», que nosotros conocemos como la «flor de la primavera»—, tráeme esa flor, que con el jugo de ella puesto en los dormidos párpados se consigue que se enamoren de la primera criatura que vean.

Oberon había derramado algunas gotas en los párpados de Titania quien, al despertarse, ve a ese hombre con cabeza de burro y se enamora perdidamente esa misma noche... hasta que amanece y Oberon deshace el artilugio para dejar al tejedor sólo y su alma y escucharlo decir:

He tenido una de las más raras visiones posibles. He tenido un sueño que sobrepasa el ingenio del hombre, sobre todo si trato de contarles qué clase de sueño fue. Sería muy burro si quisiera explicar lo que fue ese sueño. Yo creía que era… no hay quien pueda decir qué. Yo creía que era... y yo creía que tenía... —pero aquel que intente explicar lo que yo creía que tenía... no sería más que un payaso. El ojo del hombre no ha escuchado, ni oído ha visto, ni hay mano que no haya sido capaz de probar, ni lengua concebir, ni corazón que pueda expresar lo que fue mi sueño. Le pediré a Peter Quince que me escriba una balada de este sueño. Se llamará El sueño de Fondo, porque no tiene fondo alguno y la cantaré al final de la obra delante del Duque.

Esta lectura es una delicia y los sueños un misterio. Pero, a lo mejor el joven descubre que la lectura es un placer, ¿no cree usted?