El arte de viajar

El Informador, 25 de diciembre, 2008.

Nos han reportado que hay una baja del 15% en el turismo proveniente de los Estados Unidos pero, al mismo tiempo, nos dicen que habrá un incremento del nacional que puede compensar al anterior. Todo esto como resultado de la crisis y del aumento en el tipo de cambio: para los estadounidenses es un gasto que desean evitar y para los nacionales, el precio del dólar y del euro, hacen que las salidas internacionales sean cuesta arriba.

Pero de todas maneras las vacaciones en esta época son un hecho notable y las playas se van llenando a partir de hoy, hasta el 4 de enero del 2009. Es tiempo de cambiar los hábitos y las costumbres y dedicarse a otras cosas que no tienen que ver con la rutina del trabajo. Ojala nos cambie el humor y volvamos a tener el optimismo que deviene del relajamiento para poder disfrutar de la vida sólo por ser parte de ella.

Alain de Botton es uno de mis autores favoritos y hace años escribió El arte de viajar (Taurus, 2002) donde trata del viaje que hizo el duque de Esseintes, un excéntrico que vivía solo y su alma en una quinta en París que nunca había abandonado. Desde hacía algún tiempo planeaba e imaginaba viajar a Londres, en donde podría contrastar lo que se imaginaba con lo que realmente había y sucedía en esa ciudad.

Por fin llegó el día de la salida y con enormes trabajos se puso a arreglar sus maletas, incluyendo un porta libros donde llevaba su diario para apuntar cada uno de sus descubrimientos y de sus aventuras.

Frente a la estación de ferrocarriles en París estaba abierta una cantina —al estilo de los Pubs ingleses. Pensando que podría adelantar sus experiencias, decidió entrar para tomarse una cerveza oscura antes de iniciar su viaje. Mientras lo hacía, empezó a sentirse muy incómodo con el ir y venir de los pasajeros que pululaban alrededor de la estación y medio atarantado por todo ese ruido, decidió que su viaje llegaría hasta allí y con sus baúles, maletas, cobijas para taparse durante el viaje, paraguas y bastones, decidió que jamás volvería a abandonar su hogar… pues, ¿para qué moverse cuando uno puede viajar tan bien sin tener que levantarse de la silla?

Del pub francés se regresó a su quinta, empapeló las paredes de su casa con varios mapas de la ciudad de Londres, incluyendo el famoso puente y la Torre de esa ciudad donde sabía que les habían cortado la cabeza a tanta gente, incluyendo la de Ana Bolena.

Este año , hemos podido dejar atrás el pub de la estación como la que platicaba Alain de Botton para llegar, sin volver a voltear —por aquello de la estatua de sal—, hasta llegar a una playa a orillas del Pacífico, para admirar la inmensidad azul, voltear al cielo y verlo como su espejo —o al revés—, respirar hondo y estar contentos simplemente por estar aquí.