El fraude del siglo

El Informador, jueves 18 de diciembre, 2008.

No logro entender cómo es posible que se lleve a cabo un fraude por $50 mil millones de dólares sin que nadie se haya dado cuenta y, cuando digo, nadie, me refiero a los auditores que andan como cuervos en el pastizal, que recorren los pasillos de las empresas —internos o externos—, con su traje oscuro y cara de palo, secos como la piedra pómez, listos para preguntar, analizar, anotar y recomendar a los ejecutivos y consejeros de los menores detalles.

Entonces, nos volvemos a preguntar, cómo es posible que ninguno de estos profesionales haya observado algo irregular en la contabilidad de una empresa que viene acumulando pérdidas de magnitud astronómica, incapaces de contener la ambición y el cinismo de Bernard L. Madoff, quien se encargó de esconder, partir y compartir, esta cantidad de dólares, a costa de los inversionistas que buscaban mejores rendimientos, sin ver a fondo cómo están compuestos, hasta ahora que les avisan que no tiene con qué pagar.

No se trata tanto de la codicia de los inversionistas, sino del brutal cinismo de un personaje de la bolsa, del exdirector del Nasdaq, en donde nadie adivinó que habitaba un desencarnado vampiro que engañó a miles de clientes con sus Madoff’s Investment Securities, atraídos por la manzana de una taza fija y que ahora lloran por las calles de la amargura, sin que alguien los rescate de sus pérdidas.

Las víctimas, son varias, entre otras clientes de Santander en España con $3,100 millones de dólares con ese fondo perdido de Optimal Strategic US Equity; BBVA, con otros cientos de millones; BNP Paribas, quien declaró perdidas de $465 millones de dólares; ricos y famosos, como Morton Zuckerman del New York Daily News, con una exposición significativa (no se sabe cuánto, pero debe estar doliendo y mucho), entre otros que han resultado afectados por esta estafa millonaria.

Madoff de 70 años fue arrestado en las primeras horas del jueves 11 pasado, por agentes del FBI en su departamento en Manhattan. Se declaró culpable y responsable de los fraudes, pagó una fianza de $10 millones de dólares y quedó en libertad condicional.

Nadie puede hacer algo para resarcir esas pérdidas. Recientemente, en el mes de octubre, la firma de Madoff ocupaba la vigésima tercera posición dentro del ranking del Nasdaq y manejaba un promedio de 50 millones de acciones al día. Tomaba pedidos en línea de intermediarios que manejan fondos de la General Electric o del Citigroup.

A principios de diciembre, una serie de sucesos concatenados, destaparon la olla podrida que precedieron a su caída y al desfalco de los inversionistas que habían depositado su dinero —y confianza— en sus fondos.

Lo que es increíble es que nadie haya podido detectar el fraude más grande de la historia de Wall Street y la puntilla para algunos inversionistas que regresarán a los viejos y no tan deslumbrantes fondos como han sido, son y serán los que respaldan las industrias y de los que hay varios en México.