sábado, 27 de diciembre de 2008

Volver a una vida sustentable

El Informador, 23 de diciembre, 2008.

Uno de los efectos de una crisis es volver a pensar si las bases sobre las cuales hemos vivido y trabajado son las correctas o si hay que cambiar hábitos y costumbres para adaptarnos a las nuevas circunstancias. En la historia, en algunas obras de teatro y en algunas obras de ficción encontramos buenos ejemplos sobre estos cambios y transformaciones.

Una persona o una empresa tiene que cambiar radicalmente —según Darwin—, para sobrevivir y tiene que valorar los diferentes estilos de gobierno y de vida, de tal manera que se haga a un lado lo superfluo o lo frívolo y se pueda volver a tener un estilo de vida sustentable.

Resulta sorpresivo que cuando se aleja uno de la vida de la corte y del palacio y se adaptan al nuevo estilo de vida, encuentran que es mucho más grato este estilo austero, que la vanidosa pompa que se mantenía en la corte: nos hallamos más libres de peligros en medio del bosque, que en medio de la envidiosa corte —como decía una víctima de la crisis.

Poco a poco, esta víctima se da cuenta que la garra helada y la ruda cólera del viento en el invierno lo hace encogerse de frío, sí, pero ahora sonríe porque sabe que esto no es adulación, sino que es un verdadero consejero que le hace ver claramente la realidad. Sí, no cabe duda que en todos estos casos, resulta dulce el fruto de la adversidad, nos hace pisar fondo y cambiamos la escala de valores.

Así es como entendí lo que acaba de escribir Jeffrey D. Sachs, maestro de la Universidad de Columbia en Nueva York, cuando sugiere que los norteamericanos —y el mundo, en general— van a tener que replantear su estilo de vida y vivir de una manera más apacible y acorde con la naturaleza.

Por eso van a tener que decidir si se compran un coche nuevo —GM o Chrysler que consume mucha gasolina— y si va a seguir viviendo en los suburbios, lejos del trabajo o mejor se acercan y evitan los fatigosos y caros trayectos.

Van a tener que decidir dónde invertir su dinero y, para eso, esperan conocer las señales y la dirección del nuevo gobierno de Obama que, seguramente, tendrá que aumentar los impuestos y, al mismo tiempo, reducir el gasto de guerra, pues el déficit presupuestario ha llegado a tener una dimensión estrambótica y poco sustentable: para el 2009 será de un billón de dólares y si a esto le agregan el peso de la recesión, los rescates bancarios y los estímulos fiscales a corto plazo, es posible que rebasen esta proyección.

Este panorama desolador ha sido producto de una mala administración y de la vanidad de la corte busheana. Ahora, deberán revertir sus valores, buscar un presupuesto balanceado, pagar más impuestos y ponerle fin a los gastos de guerra.
Por eso, nos imaginamos que habrá un cambio tal que se podrá lograr una vida más sustentable y racional.