sábado, 3 de enero de 2009

Esto es el capitalismo

El Informador, martes 30 de diciembre, 2008.

Esta no es la crisis final del capitalismo; esto es el capitalismo: desordenado e imperfecto, creador de un enorme bienestar y riqueza que, de vez en cuando, se tropieza ya sea porque tomó un ritmo demasiado rápido y vertiginoso o porque temporalmente equivocó el camino. Este es el capitalismo que cae, se golpea y retrocede temporalmente. Lame sus heridas, mientras se prepara para volver a ponerse en movimiento con una enorme fuerza creativa y con su eficiencia, escribió Sebastián Edwards (1953-) sobre «El colapso anunciado», en un artículo que se publicó en Letras Libres de diciembre.

Tal vez por su claridad y porque lo conozco desde 1990, cuando lo invité como el orador principal en el primer aniversario del periódico El Economista y luego, estuve en Los Ángeles con este exitoso maestro de economía en la UCLA quien, desde que lo conocí, ha estado escribiendo y comentando y criticando a los sistemas de gobierno y a las políticas económicas de Latinoamérica.

Desde la óptica de la academia y del Banco Mundial, donde fue economista en jefe para América Latina y el Caribe, ha podido conocer a cada uno de estos gobiernos en el tiempo, de cerca y de lejos. Ahora en ese artículo explora los efectos de la crisis en esta región del sur de América.

En esta lectura aprendí cuáles son las dos claves para el desarrollo dentro del capitalismo: la eficiencia —que tal como lo dice Marlow en El corazón de las tinieblas, la novela de Joseph Conrad: lo que nos salva es la eficiencia, la devoción por la eficiencia, sí, ya el novelista había observado estas variables mientras penetraba al corazón de África y pasaba por sus tinieblas para anotar todo lo que veía.

Es la eficiencia y el progreso social bien aplicado, tal como lo ha hecho Chile, diversificando sus exportaciones, con un sistema financiero sólido y sus recursos invertidos en monedas duras, con buenas políticas sociales y varios programas en contra de la pobreza durante estos gobiernos democráticos —de una izquierda pragmática, no demagógica— que le aseguran que la crisis va a tener un efecto menos devastador que en el resto de América Latina.

Sebastián Edwards escribió una novela que, como las historias de Conrad el navegante, trata sobre sus paseos por el corazón de estos países que, sistemática y periódicamente caían en una crisis profunda para ser curados por falsas promesas, más que con realidades, como la de buscar ser más eficientes, hasta desarrollar una devoción para lograrla.

Ahora, confirma que habrá una mayor regulación en el mercado financiero —que tanta falta hacía—, pero no se verán impuestos excesivos, ni trabas para la inversión real para que los emprendedores sigan adelante con nuevos Silicon Valley’s donde van a desarrollar nuevas tecnologías que puedan enfrentar los desafíos del medio ambiente y del consumo de energía.

En 1939 Schumpeter predijo que el capitalismo producía una destrucción creativa y que, cada veinte años, se produciría una crisis profunda: la última fue en 1987.