La alternancia

El Informador, jueves 8 de enero, 2009.

Los partidos políticos sacan punta, afilan el lápiz, preparan sus campañas y buscan alianzas o lo que sea, unos para mantener su registro y seguir recibiendo el maná que les cae del cielo y, otros, para ver si llegan a tomar el poder en el nivel que corresponda.

Habrá renovación de gobernadores en seis de los Estados: Campeche, Colima, Nuevo León, Querétaro, Sonora y San Luis Potosí; como en la Cámara de Diputados Federal para que ocupen quinientos curules en San Lázaro; en trece Estados habrá que escoger a quienes ocupen más de mil cargos locales, así como a los diputados estatales de Jalisco, Guanajuato, Morelos y en la asamblea del DF. Como los Virreyes en la Colonia duran sólo tres años: «para no darles tiempo a la ambición de urdir sus tramas», como decía Octavio Paz.

La votación es el próximo mes de julio, pero las campañas ya están empezando, aunque algunos ya se han adelantado con sus graffiti y otros con sus banderas flotantes y unos retratos dignas de su ambición.

Aunque si hay diferencias básicas en su manera de aplicar su política, en otros aspectos han resultado iguales: fanáticos como los hay en el fútbol; intransigentes, apasionados y capaces de cualquier cosa con tal de defender a su partido e incapaces de aceptar objetivamente la realidad.

Cada uno de los tres partido principales tienen vigorosas corrientes internas. En el caso del PRD parece que son irreconciliables como lo han demostrado públicamente hasta en los actos sociales, como fue cuando Marcelo Ebrad los invitó para que fueran a ver la ópera Santa Anna en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris: plana de perredistas, todos se cambiaron de lugar con tal de no estar juntos unos con los otros, es decir los obradorcistas y los chuchos.

Siguiendo el principio de la campana de Gauss, resulta que el 20% son extremistas. Así los encontramos en el PAN con los llamados miembros del Yunque; el resto de los que están bajo la campana, son como esos jugadores individualistas que sólo tratan de meter su gol y remar agua a su molino.

El PRI, esperanzado de lograr tener una mayoría en las cámaras y demostrar cómo la paciencia de los dinos paga buenos dividendos, están a punto de lograr el triunfo de la alternancia, pues también sus juventudes están ávidas de llegar al poder en una aparente unidad y disciplina como saben hacerlo.

Pero es tiempo de la alternancia y de cobrar a nivel federal la ineficiencia y frivolidad de Fox y su Lady Macbeth; y, a nivel estatal, como sería Jalisco, por haber desaprovechado los quince años que han estado en el poder y que se cumpla lo que decía el Gatopardo, en donde todo cambió, para que no cambiara nada, como es, entre otras cosas, la corrupción —sin importar el partido—, la inseguridad y el gasto superfluo y caprichoso. ¡Ah!, pero esta democracia imperfecta castiga a los que hicieron mal su tarea, cambiando de estafeta.