martes, 6 de enero de 2009

La vocación turística

El Informador, martes 6 de enero, 2009.

Ahora que regresamos de vacaciones, queda uno más convencido de que la verdadera vocación de México es el turismo, más que cualquier otra industria. No importa dónde vaya uno si al Caribe o a una de esas playas de la larga costa del Pacífico con sus 7,828 kilómetros de longitud, en donde podemos observar ciertas diferencias según la latitud de la que estemos hablando —que van de los 86º 42’ al Oriente en la Isla de Mujeres, a los 118º 27’ en la Isla de Guadalupe— así como, el tipo de servicio que recibimos. O las playas del Golfo, con ese mar tan diferente a los otros dos que parece que limita a otro país pero que sumando su litoral con el Caribe dan unos 3,292 kilómetros haciendo un total de unos 11,122 kilómetros, más que suficiente para hablar de vocaciones.

La curva de los turistas es notable pues casi se duplica entre dos décadas, pues pasó de los 5.5 millones en 1990 a 10.6 millones en el 2000, pasando de ingresar unos $4 mil a $6.5 mil millones de dólares.

Todo es relativo en esta vida, y por eso, no tengo que recordar que tanto el clima —sobre todo si las comparamos con los nevados estados de Norteamérica—, como la belleza de sus suaves playas arenosas —si las comparamos con las europeas—, así como, el paisaje —de la selva tropical al seco desierto con sus cactus al norte del Pacífico—, hacen de estos lugares algo verdaderamente antojadizo.

El servicio varía de un lugar a otro: los mayas lo hacen a su manera, así como los oaxaqueños a la suya y, ni hablar de los guerrerenses y de los jalisciences o los mazatlecos y bajacalifornianos, pero entre todos se ocupan más de 2 millones de empleos, una buena cifra, que es de llamar la atención.

Uno espera que dada su importancia hubiese, detrás de esta industria, una correlación más o menos directa con la enseñanza de las especialidades dentro de su abanico de oficios y opciones que hay en esta industria, pero por desgracia esto no han sido notable. Excepto el campus de Universidad de Guadalajara en Vallarta, que tuve al oportunidad de conocer hace un par de años, donde me quedé bien sorprendido de la calidad y variedad de carreras que ofrecen —hotelería y administración— y, más recientemente, en ese desplumado abanico de servicios, hemos visto algunas escuelas para preparar a los chef de cocina, como las que hay en la ciudad de México y que van logrando cierto prestigio, sobre todo, porque sabemos que es otra de las ventajas en términos de nuestras latitudes, pues el peine de la calidad de la comida mexicana —que han intentado registrarla en la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad—, es uno de los más floridos y variados que puede uno encontrar si lo comparamos con otros países, pues va desde la comida yucateca, hasta la sencilla del norte, pero con mucha proteína.