Los privilegiados

El Informador, jueves 15 de enero, 2009.

De manera excepcional, el candidato electo por los Estados Unidos de Norteamérica aceptó recibir, el pasado lunes, al Presidente de México una semana antes de mudarse a la Casa Blanca. Ningún otro presidente lo podrá hacer y esto es, como se ha comentado hasta el cansancio, políticamente hablando un plus para Felipe Calderón, para el embajador de México en EUA y para la señora canciller, pero, sobre todo, para los mexicanos que nos sentimos, de alguna manera, privilegiados y parte de los cambios que tanto prometió en su campaña Barack Obama, esperanzados de lograr una mejor alianza para el progreso.

Es política, sí, pero es una señal que nos distingue y que se traduce en la buena disposición para mejorar las relaciones y recibir más apoyo para combatir el narcotráfico y el contrabando de armas, así como mejorar las política migratorias e instrumentar los mecanismos para que puedan ocupar la mano de obra mexicana en ese país, esperando que no recuerde aquello que dijo el Zorro plateado de Guanajuato cuando soltó una de sus frases célebres, políticamente hablando, cuando el 13 de mayo del 2005 declaró que los migrantes mexicanos hacen trabajos que ni siquiera los negros quieren hacer allá en los Estados Unidos, para que se nos cayera la quijada para quedarnos con la boca abierta. Dos años después, Barack Obama, el primer afro-americano —como debió de haberse referido—, competía por la Presidencia y, en menos de lo que canta un gallo, se irá a la Casa Blanca.

En manos de Calderón estamos más tranquilos en ese sentido, pues es infinitamente más cauto que su antecesor, aunque le falta expresar su visión política con algo más de esa pasión que mueve las montañas.

Todo es cuestión de contrastes. Ahora vemos cómo se mueven de bien en términos diplomáticos —sin que haga falta que defendamos al mundo—, buscando que no nos metan goles o, como estábamos acostumbrados y por eso cada vez que había un viaje nos tapábamos como los changuitos que no quieren ven, oír, ni hablar, para no ver, ni oír, ni leer, los autogoles que acostumbraba meter el Ejecutivo de a tiro por viaje.

En el lenguaje político, tanto Obama como Calderón, aprovecharon para declarar lo que a cada quien le importaba: el del norte —de madre africana—, declarando que estaba listo para darle la vuelta a la página a la Historia. El de Morelia, Michoacán, proponiendo una alianza estratégica para mejorar la seguridad, ser más eficientes y tener una mejor competitividad.

Buenas noticias y un primer contacto privilegiado, sin parafernalias rancheras ni frivolidades cuando sólo presumían de sus botas. Ahora fue un viaje más al estilo de a lo que te truje chucha y listo. No más sobresaltos y un buen pretexto para desatar cabos y mejorar relaciones en medio de una agenda apurada en resolver la crisis, a una semana de empezar a despachar en Casa Blanca, donde se esperan ver señales de humo para poder salir del hoyo.