Puras buenas noticias

El Informador, jueves 1 de enero, 2009.

Es imposible contener el deseo de hacer una lista de propósitos a principio de cada año nuevo, propósitos que van desde ese de hora sí voy a dejar de fumar, a que por fin haya paz en el Medio Oriente —algo imposible de lograr—, o que se acabe la corrupción —imposible también en estas y otras latitudes.

Poco de esto se cumple a los pocos días de iniciado el amenazador 2009, año en el que las estructuras empresariales que vivían de crédito y el sector financiero, han sido sacudidas por la hecatombe y tendrán que ajustarse a una nueva realidad que nos hacen recordar el temblor del 85 en la Ciudad de México que provocó un cambio de vida y una estampida a provincia.
Pero como es año nuevo, creemos firmemente que los propósitos se van a cumplir. Entre ellos hay uno que tiene que ver con las noticias en los medios, pues tal como somos testigos, ahora sólo están salpicadas de sangre —como si el papel sólo sirviera para envolver la carne de la carnicería.

Se ha impuesto la moda y hay competencia —sangrienta—, para ver quién le pone más salsa a sus tacos, tanto, que acuden al morbo destrampado y compiten para ver quién publica la más mala de las noticias.

Un amigo proponía sugerirle a la prensa que, así como la semana tiene un día de descanso —como en la Creación—, por qué dedicar un día a la semana para dar puras buenas noticias: nada de crisis, ni de asesinatos, ni vendettas, ni accidentes, ni antimilagros —como los peregrinos rumbo a la Guadalupana que mueren aplastados en su intento—, ni los malos pronósticos de la economía o el incremento de la deuda externa y el posible aumento en la inflación, en fin nada de todo ese sinnúmero de malas, negras y oscuras noticias que empañan la visión de la vida.

Por eso proponemos que un día, —el domingo estar acordes con las costumbres—, lo dediquen a dar puras buenas noticias, por ejemplo: que este año habrá más de medio millón de créditos hipotecarios para que la gente compre su casa de interés social o que habrá créditos para las desarrolladoras y sus buenas consecuencias, como son, la creación de empleos y las facilidades del Infonavit para cambiar de lugar sin detrimento del crédito.

Ilustrar la primera plana con una foto del obrero sonriendo porque por fin tiene una casa. Habría que sacarla antes que se ponga el sol y después de que sus hijos hayan reconocido su entorno.

Esa, entre cientos de otras buenas noticias: el bendito clima que tenemos; las inversión nacional o extranjera; la idea de crear granjas-escuelas; el arte, el teatro y la cultura que siempre son buenas noticias o el cambio de cultivo —y no los subsidios de nunca acabar— que puedan mejorar el nivel de vida; la integración de las tecnologías para un mundo sustentable, en fin, tantas que hay, que ya se me acabó el espacio.