Échale sal, échale sal, ¿quién te picó?

El Informador, martes 17 de febrero, 2009.

La sal ha jugado un papel importante tanto en la vida real como en la simbólica. Los cristianos se creen «la sal del mundo». En el mundo culinario, con ella se condimenta la comida. Por eso, siempre hay sal en el centro de la mesa, por lo menos en los comedores de Occidente. ¡Ah!, pero si alguien la tira o la pasa al otro comensal sin dejarla antes en la mesa, entonces se organiza una pequeña tormenta en el mundo simbólico —como fui testigo en mi infancia—, y los supersticiosos toman rápido pizcas de lo que se cayó y lo lanzan por la espalda, primero a un lado y luego al otro, para amortiguar el rayo de la mala suerte para que no le caiga a los presentes y fulmine a quién lo hizo o alguno de los comensales.

Luego, está el juego de la infancia —como lo escribió Agustín Yañez—, donde alguien se pone contra la pared y los demás le echan sal, mientras alguno le picaba la espalda antes de salir corriendo y el chiste era atinarle a quién lo había picado. También nos quedamos como salero cuando estorbamos en alguna reunión.

Con todos estos símbolos, la semana pasada fue Carlos Slim el que ocupó el lugar del salero y como agorero de la catástrofe, poniéndoles, como imagino era su propósito, un cohete en la cola del Gobierno Federal, cuyas propuestas no ha podido ejecutarse a la velocidad que la crisis lo requiere.

Carlos Slim, el rey Midas tiene una visión económica muy parecida a la que se tenía en los años setentas, con un nacionalismo proteccionista que impedía la competencia —como lo hizo Echeverría y luego su compadre— y la entrada de las trasnacionales, para defender la industria nacional —inexistente, cara o de menor calidad—, impidiendo que, en ese tiempo, pudiéramos usar las Apple con lo más avanzado del momento.

Slim cree que el Gobierno debe impedir la entrada de la competencia —desleal—, para seguir controlando su mercado de unos 45 millones de celulares y una facturación mensual que la podemos estimar entre los $22 mil 500 millones de pesos constantes y sonantes, mes tras mes, con o sin crisis, además de sus otros negocios menores, como son los inmobiliarios, financieros (Inbursa) o comerciales (Sax Fifth Ave, Sears o Sanborn’s) —aunque nuevas generaciones prefieren Starbuck para tomar café—, o los de su primer negocio, la imprenta Galas, o las fábricas de Aluminio o sus préstamos millonarios al New York Times o lo que se le ocurra, pero, la semana pasada sólo les echó sal a los del gobierno para que supieran quién fue el que les picó, sin ofrecer nada adicional además de su visión catastrofista, ni una sola idea en donde propusiera obras que crearan nuevos empleos y se pudiera amainar la crisis.

Tiró el salero y luego les picó la cola al gobierno. Con razón Calderón se quejó de esto en seco y sin mayores ambages.