La paradoja de los cambios

El Informador, jueves 2 de abril, 2009

Los miembros del Grupo 20 se reúnen en Londres y Gordon Brown es su anfitrión en donde van a proponer alternativas para salir de la crisis lo antes posible. Las heridas, como las del tigre, se notan y por más que quieren simular, tienen ese rictus como el que hacemos cuando tenemos cola que nos pisen y nos la pisan con fuerza.

Se encontraron ahora Londres para discutir ese mundo que es tan diferente al de hace rato en donde las comparaciones, además de ser odiosas, son inútiles. La crisis resultó ser como aquel tsunami que hubo en la antigüedad, cuando se hundieron los volcanes de las ahora islas de Santorini y las olas que produjeron, barrieron con todo Creta para darle punto final a la era minoica.

Había una vez en América una economía liberal en donde los gobiernos se dedicaban a que se cumpliera lo más legalito posible, la Constitución. Me imagino que ahora el Primer Ministro británico tuvo que explicarles cómo es que en Inglaterra hay cinco de ellas: la primera, esa que se escribe con «C» mayúscula, parece que no existe más en el Reino Unido aunque está escrita y se da por sobreentendida —como la nuestra— nada más que eso que está escrito resulta ser que no es el mismo documento como aquel que tenía un estatus tan especial. Su principal característica es que ha sido muy fácil de cambiar.
La segunda constitución es la que se aplicaba después de la Segunda Guerra Mundial hasta 1970. Una constitución que se ha construido gradualmente desde el siglo XVII hasta esos días en un especie de proceso continuo.

La tercera, o la nueva constitución, es la que aparece a partir de 1970 —con Tatcher a la cabeza—, cuando se interrumpieron los cambios continuos y entró la discontinuidad radical y, por eso, esta constitución radical no existe más, pero lo que sigue vigente es la disposición del gobierno británico para transformarla sustancialmente: este es el argumento principal del libro de Anthony King, The British Constitution.

La cuarta es la que la mayoría de la gente y los políticos creen que existe como resultado de esa continuidad constitucional tan activa. Pocos se han dado cuenta que ese edificio que creían estaban restaurando, en realidad, para efectos prácticos, resulta ser un edificio totalmente nuevo.

Finalmente, la quinta y última de las constituciones británicas es esa con la que se trabaja todos los días, una constitución en donde se aplican las reglas y convenciones que prevalecen en todos los medios y sectores, ¡ah!, pero, se nos olvidaba que el Reino Unido pertenecen a la Unión Europea y esa tiene su propia constitución, por eso King trata de desenterrarlas, demostrando cómo es que la Constitución británica ha pasado de ser un documento ordenado a un verdadero despelote.

Lo que primero necesitan hacer, explica Brown, es repararla y volver a codificarla, algo imposible, aunque se lleva a cabo la paradoja de los cambios: funciona, aunque no sea perfecta.