Prometeo encadenado

El Informador jueves 9 de abril, 2009

Desde la época de Protágoras en el siglo V a.C., se aseguraba que los dones que los dioses repartieron a los seres de la naturaleza lo hicieron a través Epimeteo, en una obra que luego sería supervisada por Prometeo su hermano: primero les repartió a los animales y luego a los hombres. Cuando Prometeo inspeccionó lo que había hecho, comprobó que los animales tenían todo, en cambio, los hombres estaban desnudos, descalzos, sin coberturas y sin armas para defenderse.

El día había llegado para darles vida y que surgieran de la tierra a la luz, así que, Prometeo, apurado al ver la carencia de recursos, trató de encontrar una protección. Por eso le robó a Hefesto y a Atenea el conocimiento y el fuego —ya que era imposible que sin éste, el otra pudiera adquirirse y fuera de utilidad— y así fue como Prometeo nos lo regaló estos dones y de esta manera el hombre consiguió los conocimientos necesarios para mantenerse vivo, pero, en lo que estaba vacío era en lo político, pues eso dependía de Zeus y Prometeo sabía que no le daba tiempo de entrar a la acrópolis pues tenía dos centinelas aterradores: el Poder y la Violencia.

En cambio, donde Atenea y de Hefesto practicaban sus artes podía entrar sin ser notado y, por eso, decidió mejor entrar ahí y robarles la técnica para utilizar el fuego y la sabiduría de Atenea y se las dio al hombre. De aquí resulta que el hombre tuviese una posibilidad de vida, aunque después Prometeo fue castigado —encadenado— por andar robando estos tesoros.

Gracias al parentesco del hombre con las divinidades fue, en primer lugar, el único de los animales de la Naturaleza que creía en ellos y por eso les construyó altares y esculpió estatuas. Después, articuló con su conocimiento la voz y los nombres de las cosas y de los sentimientos e inventó su casa, vestidos, calzado y aprendió a alimentarse del campo. Pero, cuando llegaron a vivir en comunidades, se atacaban unos a otros, pues no poseían la ciencia política y por eso se dispersaban o se mataban.

Zeus temió que sucumbiera la raza, y por eso envió a Hermes para que les diera a los hombres el sentido de la moral, de la justicia y las artes de la política para que hubiera orden en las ciudades y se establecieran ligaduras acordes con la amistad.

—¿Las reparto tal como lo hemos hecho con los conocimientos? —le preguntó Hermes a Zeus—, pues con uno que domine la medicina vale para muchos.

—A todos —le contestó Zeus—, pues no habría ciudades, si sólo algunos de ellos participaran en aplicar la justicia y, al que no participe, que se le elimine como si fuese una enfermedad.

Tal vez por eso desde esa época prehistórica, cuando se trata de la excelencia arquitectónica opinan unos cuantos, pero cuando se trata de política —como ahora a través del IFE—, todo el mundo debe participar, de lo contrario, no existirían las ciudades.