martes, 14 de abril de 2009

Pueblo chico, chisme grande

El Informador, martes 14 de abril, 2009.

Tocó la Semana Santa y todos salimos por todos lados para pasar unos días fuera de casa, cambiar de rutina y ojalá aprender algo nuevo. En esta ocasión nos tocó ir a Álamos, Sonora, donde dicen que nació María Félix —y que nunca se interesó por su pueblo. Ahí vamos a Ciudad Obregón y de ahí en coche a dos horas hasta este pueblo increíble asentado a un lado de la Sierra Madre cerca de donde hubo minas de plata y oro con vetas generosas como para poder construir unas casas estupendas, amplias, con sombras y luces en sus patios frondosos y los murmullos de sus fuentes que recuerdan los palacios árabes en Andalucía.

Pensamos que nos podía pasar como al duque de Esseintes, en eso que narra Alain de Botton en El arte de viajar (Taurus, 2002), donde este excéntrico francés hace el intento de viajar a Londres desde su quinta en París —donde nunca había salido— pero que, desde hace tiempo, planeaba e imaginaba en detalle para poder contrastar lo que se imaginaba y sabía de esa ciudad, con la realidad. Por fin llegó el día en que se puso a arreglar sus maletas y su porta libros donde llevaba su diario. Llegó frente a la estación de ferrocarriles de París donde había un Pub inglés. Se detuvo a tomar su Ale, esa cerveza espumosa y refrescante, y mientras lo hacía se empezó a sentir agobiado e incómodo por el ir y venir de los turistas y viajeros que pululaban alrededor de la estación, tanto que mejor decidió posponer su viaje no pudo dar el paso definitivo entre tantos vacacionistas que pululaban por allí con sus baúles, maletas, cobijas para el viaje, paraguas y bastones, que mejor decidió no abandonar su hogar… preguntándose para justificar su decisión: ¿para qué moverse si uno puede viajar mucho mejor sin tener que levantarse de su silla?

Pero con unos anfitriones como los que tuvimos era irresistible el viaje y pudimos lanzarnos para tener contacto con esa otra realidad en donde también estaba una campaña norteña en pleno, con carteles de los dos primos candidatos a gobernadores —PRI y PAN— para que de los diez mil alameños voten tres mil seiscientos que pueden hacerlo por el cambio de la peor Presidente Municipal que han tenido en éste y el siglo pasado, una nefasta mujer —priísta de afiliación y Ruth de nombre— que ha hecho todo lo que no debía hacer —un inútil arco a la entrada de la carretera—, en lugar de concentrarse en resolver lo que se necesita sobre todo después del ciclón de octubre que trajo toneladas de lodo y piedras de las montañas alrededor.

Confirmamos que en pueblo chico, el chisme es más grande y así sus habitantes mexicanos y las doscientas familias de norteamericanos que han hecho de ese espacio un pueblo como hay pocos en México, hablaban de esto y de muchas otras cosas de más en varias y deliciosa pláticas sin fin.